domingo, 19 de mayo de 2019

Noche de Rock Y Metal En Villa Constitución

 

Pareciera que se ha convertido en una necesidad primordial el hecho de tener que erradicarse en Buenos aires para hacer carrera en la música con el fin de vivir de ella. Por momentos pareciera que no hay otra alternativa. Lo cierto es que sí la hay, pero claro, el camino no es para nada fácil y requiere de inversión tanto monetaria como de tiempo, y también requiere un gran esfuerzo y mucha garra. Hay que construir puentes, rutas, lazos. Hay que burlar las distancias. Hay que enfocar la energía en lo que te genera real satisfacción. Hay que dedicarle la vida a lo que te da esa razón para vivirla. Esta reflexión me encontró escribiendo este artículo, que se trata de una reseña de lo que se vivió el Sábado 4 de Mayo en Villa Constitución, Santa fe, donde lxs trabajadorxs de este portal viajamos para hacer música y compartir una noche memorable junto a algunxs amigxs que estaban ahí aguardando concretar este encuentro.

El puente que se construyó en este caso unió Capital federal con San Nicolás de los Arroyos, con Villa Constitución.




Las bandas que participaron fueron cuatro: Dos de Santa fé (Fungo tartufo y Riel) y dos de Buenos aires (Poveglia y Hombre máquina antisistema)

No es lo ideal que quien haya participado de la fecha tocando sea quien escriba la reseña de lo allí vivido, pero hay varios motivos que me obligan a hacerlo. Primero, se trata de la primera vez que tocamos fuera de Capital Federal, y nada más ni nada menos que en otra provincia y junto a nuestros hermanos y referente de Poveglia. Pero no solo eso: una vez que llegamos a La posada de los muertos descubrimos que había varios factores más que nos daban la pauta que esta noche iba a ser maravillosa. Vale destacar el trato que recibimos por parte de German y Dolores, padre e hija, quienes se cargan este hermoso lugar al hombro. Y remarco lo de “hermoso lugar”, porque es difícil aburrirte ahí adentro, con tanto para ver: desde flyers de fechas, cuadros de bandas, hasta un gran cuadro con decenas y decenas de entradas de recitales, en su mayoría de Heavy metal. Si a esto además le sumamos dos proyectores, mesas de pool en el primer piso, una barra hermosa, y buena comida y birra a precios razonables, es difícil que no te enamores de La posada de los muertos.

El amplio escenario, que en unas horas iba a explotar de música para todos los gustos, se encuentra en un rincón, frente a una ventana que da a la calle. Y ya que estamos ubicados afuera y aprovechando que no lo mencioné, el cartel de “La posada de los muertos” se puede ver desde casi dos cuadras. Cuando nos acercamos nos encontramos con mesas recicladas para tomar algo al aire libre y las puertas abiertas, que te invitan a pasar.

La banda encargada de dar comienzo a la música en vivo fue el quinteto instrumental Fungo tartufo, quienes además hacían su primera presentación en vivo. Justamente por tratarse de su debut en vivo uno no esperaba que suenen tan impecable como sonaron. Pero desde el vamos podía notarse que estaban bien preparados, además de estar bien equipados también. El viaje musical que propusieron fue más que bien recibido por todxs y ya se vislumbra que el camino para este quinteto está bien marcado.

Fungo tartufo se conforma con Edu Marin, en la batería; Santiago Magni, en la guitarra; Francisco Filace, en las teclas; Ernesto Errecalde, en la guitarra, e Ignacio García, al mando del bajo.

La siguiente banda fue la recontra conocida de este portal: Poveglia, quienes debutaban en la provincia de Santa fe y lo hicieron con un show súper enérgico y cargado de adrenalina.

Pequeño detalle de color es que no venían ensayando. Aparentemente esto repercute para bien en el trío, porque los incita a dar el 200% a pura garra y corazón.

Tocaron canciones tanto de su primer disco Yersinia pestis (2015), como del más reciente Memento mori (2017). Si bien los que conocemos a este poderoso trío esperábamos las que al menos para mí son dos de sus mejores canciones (Memento mori y Receptor kappa) nos sorprendieron tocando algunas que hace años no escuchamos en vivo, como por ejemplo Persecución. 

Poveglia está conformada por Martol, en guitarra y voz, Saitam Macrett en batería, y Diego Zaccara en bajo y voz.

Siempre que toca Poveglia (o casi) llueve y esta vez no fue la excepción. Por suerte la lluvia cesó temprano y la gente eligió salir de sus casas para ir a disfrutar de una noche de música, tragos y amigxs. A esta altura el lugar tenía todas las butacas y silla ocupadas y ya se comenzaba a sentir el Thrash de Riel esperando explotar en el escenario.

Riel fue la segunda banda que jugó de local en esta noche y vaya que sí se notó, ya que un grupo de seguidores se plantaron frente al escenario a corear las letras, agitar la cabeza, hacer pogo y levantar el puño.

Riel se conforma con Nano en la voz, Coyote en la guitarra y los coros, Bruno Corvalán en la batería y Jassiel Berton en el bajo, y voz en una canción.

Su sonido, inmortalizado en sus dos discos editados: Anestesiados y Desembarco imperial, es un Thrash clásico, al estilo de Hermética, con letras contestatarias y comprometidas socialmente, mucha furia hecha música y lo más importante, mucha humildad.

De Hombre Máquina Antisistema, mi dúo, no puedo decir mucho ya que no hay material grabado y recién estamos dando nuestros primeros pasos.

Los inicios de este dúo se remontan hacia diciembre del 2016, pero no fue hasta casi dos años después que se dio el debut oficial en Noviembre del 2018. Está conformado por Nicolás Roldan (Guitarra y voz) y Chuzzo (Batería y voz).

Con respecto a esta fecha, la verdad que nos sorprendimos por cómo nos recibieron y por como recibieron nuestra música. Más allá de los aplausos y el respeto, hubo un grupo de gente que estuvo en todo momento frente al escenario dándonos aliento y levantando el puño. Sin dudas es un lindo recuerdo que nos traemos a Buenos aires y el cual nos obliga a volver algún día, ya sea para tocar o compartir otra noche de música y hermandad desde donde nos toque.

Más tarde, cuando la noche había llegado a su fin y solo quedaba retratarla en fotos, me di el tiempo para pensar e interpretar ese mensaje oculto que hay detrás de las palabras: Cuando la gente te hablaba tan cálidamente, como si te conocieran de antes, entre líneas te estaban diciendo “Acá son bienvenidos” o “Vuelvan cuando quieran”. La buena energía desbordaba el recinto, tanto por esto como por la música.

De esto se trata: de generar puentes. Puentes que van a seguir abriendo el paso, aunque la ruta sea larga y cueste tiempo y plata. El disfrute, la satisfacción de viajar para encontrarte con la misma buena energía que uno trata de repartir, no tiene precio y no hay tiempo ni plata que sea una perdida. Todo es una inversión para el arte y para el alma.


Este artículo salió publicado originalmente en Bateros argentinos.com

viernes, 15 de marzo de 2019

Le Temps presentó "Incuria" en un The Roxy Live Repleto

 

Según la RAE, el lenguaje es la “Facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido articulado o de otros sistemas de signos”. Partiendo de este punto, si uno se adentra en el universo de Le temps, no será para nada difícil darse cuenta que esta joven banda formada en el 2016 lleva el lenguaje a otro nivel, especialmente si escuchamos y sentimos su segundo disco Incuria. Y es que no se trata de un disco más. Se trata de una gran obra de arte conceptual que te atrapa y te envuelve, atando tus sentidos para llevarlos por un viaje introspectivo hacia una zona oscura, desoladora y abandonada, pero a su vez enérgica y revitalizante. Confuso ¿No? Bueno, prepárate para este viaje, porque de eso se trata Incuria, de cuestionártelo todo, de preguntarte qué es lo que estás sintiendo, de tatuarte en la cabeza una simple interrogante: ¿Quién soy?

 


La fiesta que a continuación voy a describir con palabras contó con una banda invitada cuyo “norte” se encuentra bien marcado y a una distancia tan larga como exitosa. Por ese camino están transitando los pibes de Gurí, una tremenda banda con un sonido impecable: clásico pero moderno, y autóctono pero con tintes de Rock Californiano. En donde no tienen contrastes en la potencia.

Creo que cometería un error al hablar de ellos y de su show acá. Creo que merecen un artículo completo y no uno o dos párrafos. Para ello tengo que ir a verlos y dedicarles las palabras que sean necesarias. Me lo plantearé como un objetivo a corto plazo.

Volviendo al Roxy, no caben dudas de que este trío preparó a la gente para lo que se estaba por venir. Pasó Gurí dejando el aire cargado de potencia y melodía, se viene Le temps.

 

Se abrieron los telones del Roxy y, fiel al disco, el show no comenzó con música, sino con una interpretación dramática llevada a cabo por Mariana Haedo. Si bien fue una versión resumida del disco, el efecto que generó fue el mismo: plantarte interrogantes en la conciencia para que la música y la poesía se encarguen del resto.

Ahora sí, Sergio (Guitarra y voz), Matías (Batería y coros) y Vane (Bajo y coros) salieron de las sombras y ocuparon sus lugares.

-          ¡¡Buenas noches!! – Saludó la voz del trío, a lo que el público respondió con una ovación.

Acto seguido Matías marcó el tempo en el hi hat y así comenzó Aprendí a estar solo, una canción que comienza con un sonido potente, pero que al momento de cantar la primera línea la melodía adquiere un tono inocente, tal vez con la intención de trasladarnos a nuestra niñez. Esta apreciación tiene más sentido si le prestamos atención a la letra.

“Uno de niño siempre busca su lugar…” “Nos enseñaron a siempre todo aceptar, como ovejas eran sus mentes”

Luego la canción toma un giro, pero para eso ya es necesario escucharla. Especial atención al solo de guitarra: no hay desperdicio.

El sonido que tiene esta banda ya no me sorprende, pero claro que en algún momento sí lo hizo, como aquella noche en la que los conocí en vivo (Crónica de aquella fecha Acá)

Luego de este comienzo tan enérgico fue el turno de la canción del momento, cuyo videoclip está girando por todos lados, recién salidito al mundo. Hablo de La soga.

Cuando llegó el momento del puente musical salió al escenario una misteriosa figura femenina con un antifaz y pelo de color rosa fluorescente para interpretar este pasaje mediante una danza. Estos detalles son los que agigantan la figura de Le temps, pero tranquilx que esto recién empieza.

“Queremos agradecerle a nuestra invitada especial Ceel Bloodist estamos muy contentos que salió nuestro segundo disco. Vamos a tocar muchos temas nuevos asique esperemos que se los hayan aprendido”

Tras solucionar unos leves problemas con la guitarra continuaron con Gusto a nada, una canción que sobrecargó de energía a todo el público que, a estas alturas, además de corear las letras y bailar, ya había filmado, captado fotos y compartido decenas de historias de Instagram.

¿Qué puedo decir de la canción que viene ahora? Para todo aquel que escuchó el disco no será ninguna novedad mencionar el hecho de que Le temps se destaca por tener hermosas melodías, un sonido excelente e interpretaciones magistrales, por eso me dirijo a todxs quellxs que aún no lo hicieron y además lxs invito a escucharlo. Pero a no conformarse con eso, porque este trío ofrece mucho más en un show en vivo: energía, la puesta en escena que vengo mencionando, pasión y sentimiento, mucho sentimiento, como el que transmite la siguiente canción: Finalmente te explicaré por qué.

Otra vez hay problemas con la guitarra. Sin embargo, este no es impedimento para sumergirnos a todxs en esta memorable obra de ocho minutos de duración, que bien podría durar quince minutos y no me aburriría.

Comienza el punteo de guitarra que se fusiona perfectamente con las notas graves de Vane y los finos detalles de platillos de Matías. De entrada, ya te das cuenta que esta balada, en su mantra y en su propio clímax, te va a erizar los pelos y anudar la garganta.

“No pertenezco a ningún lugar, solo así podría terminar” Grita Sergio desgarrando la voz.

En Tan diferente, además de la ejecución instrumental de estos tres monstruos, Sergio nos da muestra de su gran rango vocal, especialmente de lo alto que puede llegar.

“¡Gracias! Ahora vamos a tener una invitada. Ella es Güada (Guadalupe Amparo) de las Horrorwhite

Luego de recibirla con aplausos y de que ocupe su lugar frente a un hermoso piano, lookeada al estilo gotico, Sergio prosiguió:

“Muchos de los temas es la primera vez que los tocamos así que espero que les estén gustando. Este se llama Arruinado

Sin dudas que este fue uno de los momentos cumbre de la noche. Si bien Le temps se caracteriza por componer canciones enérgicas, poderosas y hasta bailables, esta se trata de una balada. Una balada con un piano que Guadalue ejecuta a la perfección, como si fuese una extensión más de su cuerpo. Si, las baladas bien hechas me pueden.

Al momento de tocar Fantaseo con mi muerte, Sergio presentó a un nuevo invitado.

“Ahora va a subir Claudito a bailar un poco. Y ustedes tienen que bailar también”

Claudito es Claudio Luzero, el bailarín más reconocido del Roxy. Al igual que el resto de la gente, él interpreta la música y baila canalizando su pasión, la única diferencia radica en que a su vez él hace de su baile un show. 

La borrachera es tal vez el tema más manijero del disco. Y fue, además, la canción donde tuvo gran protagonismo el público, a quién Sergio le cedió la voz para corear:

“La borrachera está hasta acá, por más que quiera no te puedo olvidar, uooh uooh”

Aparentemente llegó el momento de dar cierre a esta tremenda noche. Pero no. El trío amagó con abandonar el escenario, pero la gente pedía, exigía una más. Y así fue. Esta fue la noche de Incuria, pero no por eso iban a dejar de lado a Pastillas para amar mejor (2017), su primer disco, el cual da inicio a este universo. El punto final vino de la mano de La sangre del diablo.

“Ahora sí, eso fue todo”

La gente, luego de darlo todo sabiendo que se trataba del cierre, seguía pidiendo más, pero por esta noche el objetivo estaba más que cumplido. El mensaje había sido emitido por el trío y recibido por todxs lxs presentes, incluidxs una gran cantidad de fotógrafxs que retrataron cada momento.

La ovación final demuestra muchas cosas. Estamos en tiempos en los que la buena música por sí sola no es garantía de éxito: hay que trabajar mucho, hay que ser profesional, pero por sobre todo hay que ser generosx y humilde.

Que un artista o banda pueda llevarte a lo más alto, al punto máximo de euforia y pasión, pero que también te lleve bien abajo, a lo profundo de vos mismx, significa que el lenguaje musical va mucho más allá de la melodía, el pulso y el ritmo, significa que hay ondas sensoriales que están calando muy hondo y están estimulando algo más que tu cerebro. Le temps lo entendió todo, y también lo supo llevar a cabo a la perfección.


Este artículo salió publicado originalment en Bateros argentinos.com

viernes, 18 de enero de 2019

¡Oh No! ¡Son seres humanos!




¿Nunca te has puesto a pensar a fondo en aquellos ídolos de siglos pasados? Más precisamente en lo que no es tan visible de ellos. Eso que siempre estuvo detrás de sus virtudes artísticas por las cuales los conocemos y admiramos. ¿No te pasa que a veces pensás que los verdaderos ídolos son de otra época? En caso de que sea así ¿Por qué?

Debido a la globalización y modernización del mundo en todos sus aspectos, se podría decir que hoy por hoy ser artista es mucho más fácil que hace un siglo porque se multiplicaron las herramientas, se acortaron los caminos y las distancias: hoy un artista independiente puede darse a conocer a todo el mundo desde Filipinas, sin siquiera moverse de su casa o de su estudio.

Se podría decir que se desmitificó al artista. Ya no son entes ni mentes superiores e inalcanzables. Pero claro, no se puede considerar Arte a cualquier vomito espontaneo que se cuelga en las redes. No se puede considerar artista a cualquiera que proclame serlo: un verdadero artista debe saber expresar y transmitir. Debe hacernos reflexionar, fantasear, divertir, inspirar, llorar, reír y mil etcéteras más. 

Está más que claro que las voces y las expresiones artísticas se han pluralizado muchísimo. Pero el hecho de que haya más expresiones, por simple inercia, conlleva que haya más basura metida entre el verdadero arte que sabe cumplir con su objetivo.

Este tema tal vez merezca un artículo aparte. Ahora es momento de hablar de lo que realmente nos compete en este artículo: Los artistas.

Por dichos motivos, el artista y el público ahora tienen más cercanía. Ahora el público es más protagonista que antes: puede hacer el aguante vía virtual, puede demostrarle su admiración directamente al artista y hasta puede manguearle discos, remeras y entradas.

Ahora, el artista que antes solo conocíamos en fotos o, de la mejor manera, a través de su arte, se volvió humano. Siempre lo fue, claro, solo que antes no sabíamos a donde iba de vacaciones, a qué banda iba a ver el próximo sábado, qué comió el último domingo o incluso sus inclinaciones políticas, sus gustos cinematográficos, la raza de su perro, el color de sus pantuflas, etcétera.

Un ídolo es una imagen de culto que es adorado por la deidad, demonio o espíritu que contiene o representa.

El público, por medio de las redes sociales, descubrió, muy a su pesar, que los artistas, que sus ídolos, son tan humanos como ellos. Y acá es donde afloraron sus defectos, sus ideologías de siglos pasados, sus buenas o malas actitudes y sus valores (o la falta de ellos). Y es en este mismo punto donde dejan de representar eso que tanto ansiábamos ser.

Los ídolos, como tal, ya no existen. Aprendimos a separar al artista de la persona, tomando el lugar de mayor importancia lo que cada uno es por dentro y para con el prójimo.

¡La tecnología mató el mito, mató a nuestros ídolos!

¿O será que el mito nunca existió y que nuestros ídolos siempre fueron tan humanos como nosotros?

domingo, 9 de diciembre de 2018

Pulpo negro presentó "La creación. La destrucción. El fin" en Club V

En el almanaque de los conocedores del Metal argentino y más que nada de la escena emergente, el Sábado 1 de Diciembre relucía un gran marco garabateado debido a lo que esa noche iba a suceder en Villa crespo. Con intenciones de atenuar la ansiedad, pero claramente con un efecto contrario, los muchachos de Pulpo negro lanzaron un adelanto del disco que estaba esperando toda Latinoamérica unida. La canción elegida fue Donde no crece la hierba, y fue lanzada al mundo el 21 de Noviembre.

Tan solo dos días después la promesa se cumplió. Algo a lo que no estamos tan acostumbrados lxs argentinxs: La creación. La destrucción. El fin. Fue lanzado en Bandcamp con un número de descargas gratuitas que VO-LA-RON en aproximadamente una hora y media.

Al fin el día de la presentación oficial llegó. Y claro, desde Bateros argentinos fuimos a hacerle el aguante y cubrir la fecha.

 


Llegamos bien temprano, para la prueba de sonido de las bandas. Esta vez quisimos ser testigos de todos los preparativos.

Los músicos de Pulpo negro estaban acomodando las piezas, afinando sus instrumentos, mientras el Pollo, sonidista de Club V, iba y venía ajustando las perillas y poniendo cada cosa en su lugar para el deleite de los cientos de oídos que en unas horas iban a copar el recinto.

Un detalle que he mencionado otras veces (y lo seguiré haciendo), es el hecho de que los músicos usen remeras de otras bandas under/emergentes, demostrando el aguante y la banca que hay, hasta en los más mínimos detalles.

El momento se acercaba. Tras la prueba de Pulpo negro siguió la prueba de Atilio.

Ahora sí. Las puertas se abrieron y la gente comenzó a ocupar sus lugares.

 

Atilio es una joven banda cuyos integrantes vienen pisteando desde hace años en bandas como Sobre tus cenizas, Mantis satana, Orquesta de Diablos, Lo Bruto, Pornobot, Sanador y Tony fluye. Ellos son: Lucas Fluye (Guitarra) Lea Almendro (Bajo y coros), Rodrigo Ioio (Batería) y Juan Ignacio Orcajada (Voz).

Su sonido tiene la crudeza del sludge y las métricas del rock progresivo. Juan Ignacio Orcajada es poseedor de una gran cantidad de recursos vocales que aprovecha al máximo no solo para cantar y generar matices sino también para interpretar lo que dicen las letras. Como por ejemplo en el final de una canción que él presentó de esta manera:

“Vamos a continuar con un temita que habla de un ser que se fue, pero volvió”

Dicha canción se llama Mongo, y no digo más. Hay que escucharla para entender de lo que hablo.

Otro punto a destacar es el sonido de los platos ya que tienen muy poco sustain debido a su estado: están hechos mierda. Esto logra darle un sonido aún más característico a la joven banda.

Otra de las canciones que conformó su lista fue Pañal de dinosaurio, en donde el vocalista pega unos gritos que me recordaron al dios de las cuerdas vocales: Mike Patton. Otra muestra de su gran rango y técnica vocal.

Ya cerca del final agradecieron a diestra y siniestra y dejaron un pequeño y contundente mensaje sobre algo que estaba sucediendo en esos momentos en otro punto de la capital.

 “Queremos pedir un aplauso para Pulpo negro que presenta su segundo disco. Y para Bren prod y Picaporters… y que el G20 la chupe”

Para el cierre dejaron las canciones que todavía no tiene registro alguno ya que estarán incluidas en su próximo EP.

De esta manera, y con todo el apoyo del público, Atilio va cerrando su primer año de existencia y se prepara para lo que será su segundo registro discográfico.

 

Picaporters viene sonando en la movida desde hace más de una década, con los pistones aceitados y un motor que ruge y no detiene la marcha.

El trío Platense está integrado por Juan Pablo Herrera Morales (Bajo y Voz), Lucas Barrué (Guitarra) y Juan Pablo Vázquez (Batería), y suena deyutamadre.

Comenzaron su show sumergiéndonos en una base climática, pero…:

El roble viejo, canción que da inicio también a su último disco.

Su sonido tiene la densidad del Stoner con una gran dosis de Rock setentoso. Ganchero, psicodélico y con climas que te hacen bajar varios cambios y te preparan para el golpe. Música tanto para apretar los dientes y sacudir la cabeza, como para disfrutar tirado en el campo, con whisky en mano, contemplando en cielo estrellado.

Entre las influencias setentosas se puede apreciar algo de Black Sabbath y Pink Floyd en el sonido. En cuanto a la voz puedo notar un dejo de Ricardo Soulé, de Vox dei. Picaporters tiene todas sus influencias situadas en la década del setenta, pero su sonido en líneas generales se siente actual y original, al estilo Picaporters.

De Elefantes, su disco debut, allá por el 2013, tocaron Amantes instantes, Sol de metal y Emergiendo en ondas. Se trata de tres canciones que sobrepasan los siete minutos de duración y juegan con los efectos y las melodías, dejando de lado un poco esa oscuridad que caracteriza a su más reciente disco, llamado El Horror oculto.

La canción con la que se despidieron esta noche es la misma con la que le dan cierre al mencionado disco. Se llama War is over, y es una joyita con tintes Bluseros.

“Se viene Pulpo negro laputaqueloparió”

Y se despidieron con un mensaje final, resultado del apoyo incondicional de siempre:

“Los amamos a todos”

 

Con un punteo suave que va de a poco sumando peso, cuerpo y distorsión, comienza La orden del pulpo negro. Pero este es solo el preludio, ya que el golpe de gracia, con los graves bien al frente, vino después de la mano de El dios asesino.

“Buenas noches, somos Pulpo negro”

Saludó Max, la voz del cuarteto, con el puño en alto.

Siguiendo el orden del disco, la tercera canción fue la que días atrás lanzaron como adelanto, Donde no crece la hierba, y una de las que el público más disfrutó. Y hablando justamente de esto, para saber cuáles canciones completan lo más alto del top, habrá que esperar hasta el final.

Pulpo negro es, quizás, uno de los principales exponentes del Metal emergente nacional. Lo cual no es ninguna sorpresa ya que la vienen peleando desde hace diez años. Y suenan tan bien gracias a los machaques, riffs y solos de Pablo Krause y Damian Masulli, en tanto que Sebastián Persec te mantiene encerrado en una pared de graves con el toque justo de distorsión, y Pablo Iacovone es un reloj que te ametralla con su doble pedal y golpes de tambores, como también te sorprende con arreglos tan precisos. Por su parte Max, se carga el escenario al hombro y además de ser la voz de la banda logra transmitir eso mismo que te están haciendo llegar con su música.

Durante toda la noche la banda agradeció al por mayor a la gente. Pero, igual que la gente de Atilio, también hubo un momento para la crítica hacia quienes gobiernan el país. Max se refirió a ellos como:

“Estos hdp que se gastaron la plata para hacer esta gilada”

La música siguió con El indefectible anhelo de la nada.

Noto algunas miradas cómplices y sonrisas entre la gente. Estas son nada menos que señales de identificación por estar disfrutando, cada uno a su manera, de la misma música. Algunos filman, otros hacen pogo, otros corean las letras y agitan la cabeza, otros solo observan atentos, mientras hay algunas personas del público que se encargan de retratar en video dichas formas de disfrute. Se siente esa unión entre el público que está integrado tanto por conocidos como también por desconocidos: tratándose de música, la unión se hace fácil.

“Todo Pulpo negro queremos agradecerle a Fernando Candado de estudio Samurai por el disco”

Agradeció Max al responsable de las consolas en la grabación del disco.

Solo para morir otra vez es una de esas tantas canciones del Pulpo que te deja algo más que melodías y riffs resonando en la cabeza. Tratándose de una banda comprometida con la realidad, sus letras están cargadas de mensajes contestatarios y reflexiones, pero en este caso, la frase que se inmortalizó en forma de eco tiene un mensaje tan claro como poético.

“No se puede volver de la muerte

si el espíritu ha muerto también”

 

La lista siguió con Humo de revolver, canción que estuvo a punto de formar parte de su primer disco, y Lilith: Todo el horror, hasta que llegó el momento de anunciar al invitado de la noche:

“En este momento queremos invitar a un hermano a cantar con nosotros”

Emiliano Lovotti, de Los drágula) agarró el micrófono y, al igual que en el disco, sumó su voz para hacer La ira de los apóstoles.

A quien el cielo quiere destruir, Nómade y Rey de los esclavos mantuvieron expectante e inquieto al público hasta que el final pautado llegó con Hordas, la canción que cierra El arte de matar, su primer disco (Festejo de primer aniversario ACÁ) cuyos versos son coreados con toda la fuerza:

“No es la tormenta 
es el océano cayendo…”

Pero el desenlace vino mucho después y hasta con sorpresas incluidas, por lo que esto que acababa de suceder se transformó nada menos que en el clímax.

A pedido de la gente sonó El atlante, de su primer disco.

“Bueno, este tema lo vamos a hacer por ustedes, porque no estaba en la lista”

Incluso después de haber sido parte del pogo más grande de la noche, nadie quería que esto terminara, ni la banda ni mucho menos el público, por lo que se despacharon con Demonios, el que tal vez sea su mayor himno. Y no solo eso, aún faltaba el condimento final que terminó de coronar una noche perfecta:  un invitado de lujo subió al escenario y compartió el micrófono con Max, para gritar, en un coro masivo, los versos de la canción. Se trata de Santiago Pérez, de El triángulo.

“Un anochecer 
Visiones de odio 
Hasta enloquecer 
Ciego de poder”

Pulpo negro lo hizo de nuevo: otra vez grabó un tremendo disco y lo presentó de manera magnífica en un lugar tan mítico como lo es Club V, rodeado de gente que vive y respira metal, y siempre, siempre tira para adelante. Nosotros desde nuestro humilde lugar tuvimos el privilegio de retratarlo con estas palabras y estas postales. Pero, ¡Ojo! que en Enero lanzamos la cobertura grabada en video, a cargo de Cherry Boom para su canal de Youtube. 

Que siga el metal. Que siga el aguante. Y larga vida al Pulpo.


Este artículo salió publicado originalmente en Bateros argentinos.com

jueves, 22 de noviembre de 2018

Carroña Sharong y 21 Gramos por segunda vez la rompieron en The Roxy live.

“Las segundas partes nunca fueron buenas” Esta frase, extraída (y tal vez sacada de contexto) de la célebre obra de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la mancha, se viene empleando desde hace siglos en todos los ámbitos que se nos puedan ocurrir. Podemos discutir si se trata de una frase hecha o de un refrán, pero si hay algo en lo que todos vamos a estar de acuerdo es que, en muchos casos nos predispone de mala manera ante esa “segunda parte”, y también vamos a coincidir en que sí hay secuelas que superan o al menos están a la altura de la primera parte. Y este es un caso que lo demuestra.