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domingo, 27 de mayo de 2018

Reseña literaria VI: El club de los enigmas - Isaac Asimov.


En contexto

Adquirí El club de los enigmas en 2010, año en el cual todos mis esfuerzos y mi concentración estaban enfocados en el trabajo que me daba de comer. En mis días libres, los miércoles, salía a dar vueltas por el barrio de Chacarita (Ciudad de Buenos aires), donde residía en ese momento. Primero buscaba un lugar para almorzar, luego iba a mi librería favorita del barrio, y luego me iba a tomar un café mientras leía alguno de los libros que acababa de comprar. Reconozco que en ese momento no conocía a su autor, Isaac Asimov, y que solo compré el libro porque me llamaron la atención su portada y el título. Y también debo reconocer que lo compré con la intención de regalárselo a una amiga, pero por algún motivo me lo terminé quedando. Hasta que cuatro años después decidí que era momento de leerlo.



Este libro fue leído en su totalidad en la vía pública. Lo abría en la línea B del subte, cuando volvía del trabajo, y no dejaba de leerlo hasta llegar a mi casa, en el barrio de Villa Urquiza. Incluso lo iba leyendo en la calle, mientras caminaba dando pasos muy lentos hasta llegar a destino.

miércoles, 25 de abril de 2018

sábado, 28 de octubre de 2017

Reseña literaria V: La tregua - Mario Benedetti.

En contexto

A veces, cuando me aburro del encierro, se me da por salir a caminar la hermosa ciudad de Buenos aires. Si llevo plata encima y me agarran ganas de leer algo, o mejor dicho de descubrir una nueva lectura, ya que si fueran solo ganas de leer agarraría el libro de turno de mi mochila, me paro frente a los puestos de diarios y elijo lo que más me llame la atención.

El año pasado, no recuerdo bien la fecha, en una de mis escapadas nocturnas pasé por un puesto que tenía, entre tantos otros libros, una colección de Editorial Planeta de Mario Benedetti, un autor que no había leído antes. El gran abanico de posibilidades se había achicado a un solo autor. Solo me quedaba elegir un título.

Después de leer varias sinopsis, entre ellas estaban Adioses y bienvenidas, La borra del café, Montevideanos y el que finalmente compré: La tregua.
Primeramente, me atrapó el argumento, pero debo reconocer que antes de leer la sinopsis ya me había enamorado de la portada.

Lo leí en cuatro o cinco días (No soy una persona que termine un libro en un día, por más corto que sea). Pero al momento de decidirme por hacer esta reseña tuve que releerlo para refrescar mi punto de vista y mi crítica.

La tregua es una novela corta escrita por el uruguayo Mario Benedetti. Fue publicada en 1960 y llevada al cine en 1974. La adaptación cinematográfica argentina estuvo nominada al Oscar en la terna de Mejor película extranjera.
En México, en el año 2003 tendría su segunda adaptación al cine.


Reseña

En cuanto a la obra en sí, tengo que decir que me atrapó al instante. La historia es simple y no pretende ser mucho más, pero está bien contada por un autor que sabe describir muy bien lo abstracto y sabe meternos en la piel de un personaje. Al menos yo me sentí muy identificado con este, por lo que se me hizo fácil empatizar con él.

La novela está escrita en primera persona a modo de diario. Su narrador es el mismísimo protagonista: Martín Santomé, un oficinista viudo de cincuenta años y con tres hijos ya adultos que está próximo a jubilarse y ve como su vida está sumida en la monotonía. Es este el motivo que lo impulsa a registrar cada día con lápiz y papel.

Mario Benedetti

La historia nos mete en la piel de un hombre que está perdiendo la motivación y hasta los recuerdos de la felicidad, como el rostro de su difunta esposa, por ejemplo. Su vida se resume en la oficina, la pasividad de su hogar y la taza de café que sirve de excusa para desconectarse un rato mientras solo ve a la gente pasar por la vereda.

Su vida transcurre de esta forma hasta que conoce y posteriormente se enamora de Laura Avellaneda, una joven muchos años menor que él. Pero este no es obstáculo para esta fuerza mayor.
Algo que me hubiese gustado es que se profundice un poco más en las relaciones de Santomé con sus hijos, pero evidentemente el hecho de que no haya sido así, es también un punto buscado por el autor.
Leí muchas críticas negativas con respecto al final. Pero ¿Qué puedo decir? A mí me encantan los finales elípticos.

Mi peor crítica para esta edición no tiene que ver con la obra en sí, sino con la misma edición de editorial Planeta, ya que su prólogo prácticamente nos revela los detalles más sobresalientes de la novela. Un error que solo se puede esperar de una mala reseña literaria, pero no del mismísimo prólogo del libro. Por esta razón, si van a comprar la edición de Planeta, recomiendo saltearlo e ir directo a la historia que no tiene desperdicio.

Para cerrar, los dejo con estos tres pasajes extraídas del libro.

“Lo qué uno quiere de verdad, es lo que está hecho para uno; entonces hay que tomarlo, o intentar: en eso se te puede ir la vida, pero es una vida mucho mejor...”

“Tengo la horrible sensación de que pasa el tiempo y no hago nada y nada acontece, y nada me conmueve hasta la raíz”

“La seguridad de saberme capaz para algo mejor, me puso en las manos la postergación, que al fin de cuentas es un arma terrible y suicida”


Recomiendo leer 8/10

jueves, 5 de octubre de 2017

#1: En la cima





Soy un hombre que ama la naturaleza. Un oficinista que prefiere viajar kilómetros y kilómetros en busca de aire fresco, dejando atrás el agobio y el stress que me producen ésta gran metrópolis. Nunca estuvo en mi cabeza subir solo unos pisos para sentir la brisa del viento en la terraza de éste edificio. Pero hoy, habiendo llegado a mi límite de presión, subí guiado por una fuerza mayor que, a contrapartida, me dio la oportunidad de apreciar la hermosa vista que se logra desde acá.
Desde acá la gente parece una colonia de hormigas despreocupadas que camina libre de su reina. Los ibirapitá y los jacarandás son unas hermosas manchas verdes con florecientes detalles violeta y amarillo que inundan de vida el parque. El lago parece una acuarela que el sol transforma en un reflectante espejo de dimensiones titánicas.

La vida es arte, solo que no todos somos buenos espectadores. Sin embargo, me debo estar perdiendo de cientos de detalles debido a que los seres humanos no fuimos agraciados con la vista de un águila. Pero la belleza que alcanzo a ver es vasta. La vida es algo tan preciado cuando aprendemos a percibir la infinita belleza que la madre naturaleza guarda para nosotros.

Mi reflexión, tan profunda y sanadora es interrumpida cuando veo asomarse a un hombre por el balcón del edificio de en frente. Noto que mira hacia abajo. ¿Qué pensará? ¿Podrá, al igual que yo, apreciar la belleza del mundo desde lo alto?

Me sorprendo cuando veo que se sube al barandal y se sienta allí. ¿Se irá a arrojar? Acto seguido mira hacia abajo, luego levanta la cabeza y me ve. ¿Lo hará ahora que me vio? ¿Tendrá la posibilidad de recapacitar ahora viendo la vida desde otro plano? ¿Tendrá el coraje de hacerlo? ¿Será el también un cobarde?

Quien sabe lo que se le cruzó por la cabeza. Solo cerró los ojos y se dejó caer.

Y yo que toda la vida había creído estar solo en este mundo... es una pena que, justo en este día, haya encontrado a alguien como yo.

lunes, 12 de junio de 2017

Las aventuras de Pompeya: Parte II



El reloj de pared, del que había estado pendiente durante la última media hora, dio las nueve. Totalmente hecho mierda finalizaba otra noche de arduo entrenamiento en el gimnasio y en el ring.
A cuatro meses de haber empezado a tomar clases de boxeo me sentía más ágil que Dhalsim. Sentía, además, que había adquirido una gran fuerza y veloces reflejos. Ansiaba poder encontrarme frente a una situación propicia, ante la provocación de algún desafortunado e irascible transeúnte que me dé la oportunidad de demostrar la dureza de mis golpes, la velocidad de mis piernas y mis infalibles reflejos. Debo reconocer que he llegado a provocar a más de uno amparado tan solo por una tonta excusa. Como aquella vez en Puerto Madero que me puse a mear los candados ante la mirada de la feliz pareja acababa de colocarlos como símbolo de su unión. Pero nunca nadie, ni siquiera aquel feliz novio, tuvo la desgracia de reaccionar.
Aquel día sería la excepción ya que no me encontraba con las fuerzas necesarias como para buscarle pelea a alguien. No estaba en condiciones de soportar un golpe, ni siquiera de lanzar uno.
Saqué mi mochila del locker y sin más vueltas, sin siquiera darme una ducha, me despedí de mis compañeros y del entrenador. Solo quería llegar hasta la comodidad de mi hogar, ducharme y descansar.

Emprendí, como siempre que volvía a pie, el camino más largo, pero menos transitado de todo Pompeya. Alrededor de la quinta manzana, a medida que me acercaba a una esquina, comencé a escuchar voces algo subidas de tono. Me reposé contra la pared y me acerqué lo más que pude. Supuse que se trataba de una discusión. Lo comprobé luego de escuchar que se insultaban a sus madres y hermanas. Entonces pensé ¿Qué persona con sangre en las venas permitiría que insulten el honor de la mujer que nos trajo al mundo? ¡Nadie! O al menos yo no. Y por lo visto uno de ellos tampoco porque escuché ese particular sonido seco y contundente de una trompada bien pegada. El que recibió el golpe emitió un leve gemido y al parecer le devolvió la trompada. En ese momento las voces se entremezclaron mucho y llegué a estar confundido hasta que me di cuenta de que eran tres personas y no dos. ¿Dos contra uno? Eso es injusto, mire por donde se lo mire. Me voy a tener que meter, pensé. Debería emparejar la pelea. Elongué un poco mis cansados músculos, suspiré profundo y salí de mi escondite quedando expuesto a tres metros de la trifulca. Traté de tomar una postura intimidatoria y, cuando me preparé para decir con voz de héroe, que lo dejen en paz... se me atoraron las palabras. ¡Eran tres contra uno! Y lo tenían acorralado. Los abusones detuvieron la golpiza y me lanzaron miradas desafiantes y hostiles.

-Seguí de largo amigo- Me dijo el más bajito.

A ese lo bajo de una- pensé.

-Ey ¿sos sordo? ¡Tomatelás!

Ése era más alto, pero bastante flacucho. Seguramente con un buen gancho en la boca del estómago lo dejo fuera de combate.

-¿Qué te pasa? ¡¿Querés cobrar vos también?! -Me dijo el gordo grandote mientras se me venía encima.

-No, no. Todo bien. -Dije extendiendo mis brazos para intentar detenerlo.

El gordo por suerte se detuvo.

-Quería preguntarles si les hace falta una mano. -Bromeé, forzando una leve sonrsisa. Pero nadie rió. -Sigo... derecho. -Les dije con voz temblorosa. Miré a los ojos al pibe que estaban golpeando. Éste ni siquiera dijo una palabra. Entonces agaché la cabeza y crucé la calle.
Caminé unos metros hasta que dejé de sentir sus miradas en mi espalda. Esperé a escuchar algún golpe para cerciorarme de que estén distraídos y me di vuelta. Estudié la situación y arremetí contra ellos con un ataque Kamikaze.

¡Plumm! Fue el sonido del gordo al caer noqueado por mi sorpresivo golpe en la mandíbula. Claro, primero tenía que sacarme de encima al más grandote.
Los otros dos se sorprendieron, me miraron de forma extraña y se me vinieron encima. El flaco alto me tiró un derechazo que esquivé sin esfuerzo alguno, quedando su estómago como blanco perfecto para mi gancho descalificador. No conforme con eso le doy un buen izquierdazo y lo hago morder el cordón. El más petiso se había detenido luego de ver caer a su amigo, me miró con el terror reflejado en sus ojos, y salió corriendo.
Soy un héroe, pensé inflando el pecho mientras lo veía doblar la esquina. Después giro la cabeza y lo veo al pobre pibe levantarse muy adolorido. Se limpió la sangre de la boca con el antebrazo. Y yo le pregunté.

- ¿Estás bien?

Y así nomás, de la nada, me dio un izquierdazo directo a la mandíbula. Y todo se me puso negro.


Desperté algunas horas después en un hospital con un terrible dolor en el mentón y en el lado izquierdo de la cabeza. Me preguntaba qué había pasado. No recordaba nada. Recién luego de unos minutos recordé que el pibe al cual había salvado de que le rompan la cabeza a trompadas era quién me había noqueado. Se me llenó el culo de preguntas. ¿Por qué me había pegado si lo acababa de salvar? ¡Es un desquiciado de mierda! ¿O acaso también será un pelotudo que va por la vida en busca de una oportunidad para demostrar sus dotes de boxeador?

martes, 23 de mayo de 2017

Las aventuras de "Pompeya"

        

          Siendo una hormiga más de la gran colonia de cemento llamada Buenos aires −o dicho en criollo: siendo un infeliz laburante del barrio de Pompeya− jamás creí que me fuera posible sentir amor por la mismísima madre naturaleza.
Mi atrofiada conciencia, programada por un sistema materialista, solo se limitaba a creer en el amor hacia un vehículo o, en su defecto, hacia una persona. Con estas creencias andaba por la vida hasta que, un jueves cualquiera, me llego una invitación con un boleto a la Patagonia. Por suerte era verano porque si no ni en pedo me voy al sur a cagarme de frio.

Aunque el motivo de aquella invitación no fuera razón para celebrar debo reconocer que me alegró mucho ya que necesitaba un cambio de aire. Al fin y al cabo, Susana era una tía lejana que ni siquiera, en mis 25 años de existencia, había conocido y por lo tanto no merecía llevarse de mi ni una lágrima, ni siquiera un sollozo.

El viaje fue largo pero provechoso ya que, con la mente despejada, pude darle otra oportunidad a Siddhartha, libro con el cual meses atrás me dormí a la quinta página. Claro que ahora no fue la excepción. Solo que ésta vez logré leer casi la mitad. ¡Provechosa lectura! Me ayudó a darme cuenta que el problema no era el stress.

Ya en la ciudad de el Chalten, saludé cortésmente a aquellos familiares que jamás en mi vida había visto y de los cuales mis difuntos viejos prácticamente no me habían hablado. (Por algo será ¿No?) Y haciendo un gran esfuerzo fingí estar afligido. Solo imploraba para mis adentros que se conformen con mi falsa cara de perro abandonado y que no esperen que derroche ni una lágrima en el duelo que comenzaba en una hora.

Las siguientes horas ni siquiera merecen la pena ser relatadas. Aunque en la vida de mis parientes haya significado mucho mi presencia en el velorio de Susana, en la mía fueron solo un relleno, minutos y minutos de recuerdos fácilmente olvidables.
Salvo por el chistoso momento en el que un tío canoso me agradeció entre lágrimas por haber ido. Fue difícil no exteriorizar lo que sentía. "¡Ja! Quedate tranquilo que si no me garpaban el viaje tiraba una bomba de humo y desaparecía como un político después de haber cargado sus arcas". Pero no tengo huevos. No soy tan hijo de puta. Mirá si les digo eso y resulta que me pierdo parte de la herencia. En ese momento no sabía que Susana era la tía más pobre que tenía. Por las dudas me dejé la careta puesta.
Por cierto, tengo serias dudas sobre si es común que en los velorios haya servicio de catering. No sé si es una costumbre de ricachones o qué, pero si es así espero volver pronto. ¡Muy rico todo!

Eran las ocho de la noche cuando el bodrio se terminó. La tía pocha ...o chocha, yo que sé, me acompañó hasta el cuarto de huéspedes de su lujosa casa y, formalismo va formalismo viene, me deseó buenas noches, y creo que yo también.

¡Al fin solo! Igualmente, no pensaba quedarme mucho tiempo en la habitación. Quién sabe si en uno de esos casos a la tía Cocha se le ocurría golpearme la puerta para preguntarme si necesitaba algo.
Entonces me di una ducha, agarré una colcha para tirar en el pasto y salí a disfrutar de la reinante calma de la Patagonia. Pasé por un almacén re concheto y compré unas cervezas y unas bolsas de papas fritas. De más está decir que me rompieron el orto con el precio. Pero bueno, con esto de los tarifazos uno se acostumbra.

Caminé y caminé en dirección al lago. Desde lejos podía ver la luna reflejada en él. ¡Qué hermosura! Qué bueno que es despejarse un poco y poder apreciar la belleza del cielo y del lago en vez de admirar en la calle culos y tetas como si fueran una pintura de Van Gogh. Jamás pensé que diría esto, pero bueno, será que la naturaleza me sensibiliza... o tal vez me emputece, que se yo. Hasta el aire es diferente.

Caminé en busca de un lugar en donde poder sentarme a tomar algo y observar la inmensidad del paisaje. Entonces vi un brillo opaco cerca de la costa. Se trataba de una gran roca que refractaba la luz de la luna. Aunque para mis ojos era nada menos que un asiento en primera fila para observar el paisaje.

Tiré la colcha sobre la roca y me puse cómodo. Abrí la primera lata y me relajé. Clima ideal, lugar ideal, la noche fue perfecta salvo por los mosquitos. Por suerte había pocos así que los dejé chupar un rato y después no me jodieron más.

Luego de bajarme las papas fritas y el pack de cerveza antes de que se calienten me recosté y obviamente me quedé dormido. Algunas horas más tarde me desperté con el feliz cantar de los pajaritos en libertad. Estaba amaneciendo. Qué bueno que los pungas no se van de vacaciones al sur sino ya me habrían afanado las zapatillas.

Me paré para estirar un poco las piernas y me recosté de nuevo para apreciar el amanecer patagónico. Comencé a sentir un hormigueo en el pecho. Lo primero que pensé fue "Si me da un infarto acá estoy en el horno". Pero por suerte se trataba de ese sentimiento de paz que éste paisaje hace nacer en mí. Ese sentimiento de paz que me ablanda el corazón y hace que me crea un poeta rodeado de musas.

Los picos de las montañas que demarcan mi horizonte fueron haciéndose cada vez más visibles a medida que la oscuridad iba cediendo su dominio. Supe entonces que era el momento de decir un hola y un adiós. Levanté la cabeza y, con una última y brillante mirada, me despedí de los infinitos astros que bendecían la eternidad del cielo. La transición caló hondo en mi pecho acelerándome el pulso y llenando de oxígeno mis pulmones. El lago, el gran y helado espejo de luces comenzó a salpicarme con los primeros destellos del sol. Los rayos comenzaron a adquirir volumen e intensidad. Ahora me pegaban en la cara. Momento ideal para cerrar los ojos y dejar que el corazón se ilumine con el calor del sol. Pasaron algunos minutos. Ahora el sol imponía su gran cuerpo de fuego detrás de las montañas. La temperatura seguía subiendo. Los rayos empezaron a quemarme y mi poeta interno se fue al carajo.

Hermoso amanecer. ¡Pero cómo pega el sol! Eso no quita que mi corazón se haya ablandado.

Ahora sí me despido del todo y emprendo la vuelta a la casa de la tía Coca. En el camino siento que los pájaros revolotean en torno a mí, que me siguen, que me cantan, que agradecen mi presencia. Los miro complacido y les regalo una sonrisa. Esto demuestra que la naturaleza no solo me sensibiliza, sino que además me vuelve pelotudo.
Llego, abro la puerta y me encuentro con la tía...Pocha. Le digo "Buen día tía Pocha" Y ella me dice buen día y después me corrige. Igualmente, en seguida me olvidé si era Pocha, Tota o Coca. Me convida unos mates y unos bizcochos. Yo le digo que me tengo que ir. Ella me dice que el micro sale a las doce del mediodía. Entonces pienso en alguna excusa para irme igual y no volver a verle la cara. Pero algo muy dentro de mí, en mi tiernizado corazón me dice que me quede y charle con ella. Y no solo que me quedé, sino que además hablamos por cuatro horas y encima de eso, no sé por qué, en un momento me emocioné y terminé llorando en su hombro. Luego de eso me despedí aliviado. Como si me hubiera sacado mil kilos de encima. Como si las lágrimas que había llorado hubieran sido toxinas que envenenaban mi ser. ¡Prometo nunca volver a olvidarme su nombre!


Estuve inmerso en un estado de paz hasta que, al subir al micro, me golpeé la cabeza. “¡La reputa madre que lo parió! ¡Qué lugar de mierda!” Puteé con énfasis logrando que se me caiga la careta. Y así, de golpe, como si fuera un flash de un fotógrafo desconsiderado recordé con cierto placer las palabras que me habían hecho quebrar: Luego de tres horas de charla la tía me había dicho que otra de sus hermanas (la que sí tiene plata) estaba muy enferma. Quedé en shock. No sabía qué decir, no soy bueno para esas cosas. Fue ahí que, con mi mejor cara de perro abandonado y enjugando unas bien logradas lágrimas, le dije "Hasta pronto tía Lola, hasta pronto"

miércoles, 29 de marzo de 2017

Cuando la imaginación vuela... pero tenemos los pies atados al suelo

Soy un pibe de campo, pero nunca fue de mi agrado pasar el tiempo pescando, cazando pajaritos o realizando alguna otra actividad que requiera matar o maltratar algún pobre animal. Y más allá de haber pasado por diferentes etapas, nunca fui de tener grandes grupos de amigos ya que siempre fui bastante introvertido. Pero el motivo principal por el cual nunca fui de tener muchos amigos es porque mi diversión no cuadraba con la de la gente de mi pueblo. Por eso, durante mi infancia y parte de mi adolescencia, me la pasaba encerrado con el hermano menor que adopté, ese que en la jerga común se lo llama “amigo”, Ezequiel. Con él me podía dar el lujo de divertirme usando la imaginación y no matando animales o rompiendo los vidrios de una casa abandonada (aunque debo reconocer que sí disfrutaba de esto último, pero en un nivel inferior)



Con él me podía dar el gusto de abrir las puertas de mi cabeza y dejar fluir todos mis mundos y universos. El no sólo los entendía, sino que también los compartía y hasta creaba los suyos para luego fusionarlos con los míos, dando como resultado final horas y horas de entretenimiento gratis y sano.
Empezamos creando nuestros propios Pokemones allá por el año 1998. No dejábamos de llenar cuaderno tras cuaderno. El número total de animales raros que creamos supera los 500. Podría decir que superamos los 800. Pero estaría siendo deshonesto porque al hablar de “crear” no me estoy refiriendo solo a dibujarlos, sino también a ponerles nombres y darles poderes especiales. Con el pasar de los años este pasatiempo nos quedó chico y comenzamos a inventar mundos y universos para que sean habitados por nuevos personajes a los que le habíamos dado vida. Personajes mitad humano/mitad felino que tenían nombre y apellido, edad, fecha y lugar de nacimiento, aficiones, fobias, personalidades definidas, características físicas, enfermedades, domicilio, etcétera.

Recuerdo que para este mismo universo creamos hasta revistas de noticias, grupos musicales con sus respectivos discos y canciones, ligas de futbol con su propio diario impreso, mapas de ciudades, países y hasta galaxias, religiones con sus propios dioses y culturas, etcétera. No dejábamos nada librado al azar. ¡Estábamos en cada puto detalle!

Los años pasaron y aparecieron las responsabilidades que nos obligaron a desprender nuestras mentes y por ende ir matando de a poco toda la magia que sólo fusionando nuestros cerebros podíamos crear. Dejamos atrás esa hermosa infancia, transformando toda esa diversión en recuerdos que hoy puedo revivir haciendo lo que me apasiona: escribir.

Hoy, retratando estos momentos, me cuesta creer que nuestra imaginación haya creado tanto desde la nada misma. Reflexionando sobre esto fue que se me vino una frase a la cabeza, que es la que le da el nombre a este escrito.


Con esto me refiero a que, de haber tenido acceso a internet, o de haber tenido más herramientas para que nuestros personajes y mundos no queden solo registrados en un papel o en nuestras mentes, podríamos haber creado comics, videojuegos, películas, revistas, etcétera. ¿Cuál hubiera sido el límite? ¿Hubiera existido acaso un techo que frene nuestro vuelo? Difícil saberlo. Imposible tener esa certeza. Lo cierto, lo que sí puedo asegurar, es que nuestra imaginación volaba, pero, debido a que las ventanas que se nos tenían que abrir no aparecieron, lamentablemente no pudimos seguir su ritmo, ya que nuestros pies nunca se despegaron del suelo.

lunes, 27 de marzo de 2017

Hola. Soy XXVIII CG, el navegante del tiempo a través de la red. Mensaje N° 1




1, 2, 3 probando. Hola. Hola. H O L A...... Bien, creo que todo está funcionando según mis cálculos.

Hola terrícolas del pasado. Mi nombre es XXVIII CG y vengo del futuro. No podría precisarles de qué año exactamente porque en este futuro la gente (los pocos que sobrevivimos) nos hemos vuelto completamente ateos y, desde hace mucho tiempo se ha renunciado a los calendarios e incluso también hemos perdido el acceso a los archivos de la historia. Nuestro único medio para conocer sobre el pasado de la humanidad son solo algunos PD de información que guardamos como un verdadero tesoro. Y claro, también tenemos la suerte de poder viajar en el tiempo con la conciencia.

Pero no es de eso de lo que quiero hablarles. Igualmente sé que tendrán muchas dudas e interrogantes que querrán que les responda, entonces me anticipo y les comento algunos detalles de mi presente.

Si. Sí es posible viajar a través del tiempo, pero no de la forma que les han mostrado en las películas de ciencia ficción. La materia no es capaz de resistir un viaje a través de la tercera dimensión. Solo es posible viajar con la conciencia, pero el riesgo no deja de ser altísimo: El margen de error es muy grande y lleva años reducirlo. Yo tuve la suerte de sobrevivir a este viaje que espero sea fructífero.

Supongo que también se estarán preguntando por qué, si tengo la posibilidad de viajar en el tiempo, vine a parar a un insignificante blog con muy poca llegada a la gente. No crean que esto es un error. Tomé esta decisión porque de otra manera podría ser peligroso. ¿Se imaginan si hubiese hackeado el Twitter de su actual ministra de seguridad? ¿O si hubiese tomado el control de un sitio web de uno de los tan prestigiosos medios de comunicación de su país? ¡El escándalo sería de magnitudes globales teniendo en cuenta la importancia de su nación!

Decidí tomar el control de este blog porqué sé que sus cuatro o cinco lectores sabrán responder a mi pregunta. Entonces, sin extenderme más, vamos al grano.

¿Cómo es posible que en su tiempo (Mes Marzo - año 2017 Siglo XXI) la M.H.F.L, o como la conocen ustedes THC, sea ilegal?

En mi tiempo se la llama M.H.F.L (por sus siglas en el extinto idioma inglés Magic Herb For Life) y cura enfermedades como la Epilepsia, el Alzheimer, el Cáncer, el Síndrome de Tourette, el HIV y otras enfermedades que aún no conocen como la Prifus, el Argentinian´s syndrom o la Fiebre multicolor. También podría nombrarles la Prosopagnosia africana, pero desde hace mucho tiempo que dejó de considerarse como una enfermedad al igual que la homosexualidad, la hiperactividad y la adicción a las series de TV…. Por cierto, en la última temporada de Game of thrones se revela que todo es producto de la imaginación de un joven mago llamado Harry Potter, que enloqueció luego de perder un anillo muy poderoso a manos de un villano llamado Darth Vader. No pierdan el tiempo mirando la última temporada. Creo que los guionistas se quedaron sin material luego de la repentina muerte de George R R Martin.

Volviendo a mi pregunta, díganme si es real que en su tiempo (año 2017) la marihuana aún era ilegal. Quiero creer que mi amiga XXVI TO mentía cuando me dijo tal cosa.

¡Desde ya, muchas gracias! Espero poder intercambiar conocimientos con ustedes.

P/d: Por favor ¡No voten por Chano Charpentier en 2027!

P/d 2: Cuiden mucho de nuestra fiel y actual protectora Mirtha Legrand.


Atte: XXVIII CG

lunes, 2 de enero de 2017

Reseña literaria IV: El hombre terminal - Michael Crichton

Michael Crichton en los 90´s


El hombre terminal es un policial de Ciencia ficción del año 1972 escrito por el estadounidense Michael Crichton. El autor que tal vez conozcamos más por su novela Jurasick park y por ser el creador de un estilo novelesco en ER: Emergencias, es considerado también el fundador del sub-género llamado Technothriller.




El hombre terminal es Harold Benson, quien sufre de epilepsia psicomotora, una enfermedad que lo lleva a cometer actos de violencia que luego asegura no recordar.
Luego de atacar a dos personas queda detenido bajo supervisión policial. Pero el doctor Roger McPherson, director de la Unidad de investigación neuropsiquiátrica del Hospital universitario de Los ángeles tiene la esperanza de poder curarlo mediante un procedimiento experimental llamado Etapa tres. Dicha intervención consiste en insertar en su sistema nervioso un ordenador encargado de enviar pulsos electromagnéticos hacia el cerebro del paciente con el fin de saciar sus “cañones de placer”, lo que, en teoría, evitaría sus brotes psicóticos.  
En un principio la operación resulta exitosa, hasta que Benson descubre cómo controlar la dosis de los pulsos y básicamente comienza drogarse con la mismísima “medicina”. Luego de esto consigue escapar poniendo en peligro la vida de las personas que puedan cruzarse en su camino y hasta la propia, ya que después nos enteramos que el ordenador que lleva en su cabeza es radioactivo. Desde este punto la acción se traslada fuera del hospital y promete sumar un poco más de adrenalina a la trama.



Pero la acción que yo esperaba no fue tal. Desde un principio noté que ese énfasis que Crichton había puesto en crear un universo creíble no lo había puesto a la hora de crear a los personajes que lo iban a habitar. ¿El resultado? Personajes tan poco caracterizados que hacen que uno no sienta identificación alguna con ellos, ni siquiera un poco de empatía. Yo, particularmente, llegué a confundírmelos teniendo que releer algún que otro párrafo para volver a engancharme. Lamentablemente, esto hace que la trama pierda solidez. Y digo lamentablemente porque el universo que Crichton creó y se esforzó por fundamentar hasta con ilustraciones y datos reales, al margen de que puedan ser excesivos, cumplen su cometido: absorbernos y lograr que nos creamos la historia. Esto último tiene una explicación valida, resulta que Crichton no es narrador ni mucho menos poeta sino un médico al que le apasiona escribir.

En fin, El hombre terminal es una novela que por momentos me atrapó y por momentos me mareó y hasta llegó a aburrirme. Creo que se podría haber aprovechado mucho mejor el argumento. Tendré que ver si lograron esto en la película que hicieron dos años más tarde.


Recomiendo leer 6/10

D.N.H

sábado, 29 de octubre de 2016

Reseña literaria III: El amor, las mujeres y la muerte - Arthur Schopenhauer

Como bien lo indica el título, esta recopilación de ensayos hace foco en tres temas universales: El amor, las mujeres y la muerte. Fue editado y publicado en 1966, 106 años después de la muerte de su autor: El filósofo Arthur Schopenhauer.

Schopenhauer nació en 1788 en la extinta República de las dos naciones (Hoy dividida en dos territorios: Polonia y Lituania), pero vivió casi toda su vida en Alemania, por lo que la mayoría de las personas cree que es alemán.

En esta obra el autor nos plantea un concepto del amor que nos acerca un poco más al mundo del reino animal. Habla del amor como un simple producto del instinto sexual, que tiene como único fin la reproducción y prevalencia de la especie. Para él no existe diferencia entre el instinto sexual y el paternal/maternal. Una apreciación que, por más vueltas que le quiera dar, a mí me parece errónea. Lo demás me parece perfectamente debatible.



Arthur Schopenhauer
En cuanto al tema de las mujeres el autor se expresa de una manera tan imparcial que, de haber escrito este ensayo en el siglo XXI, sería acusado de machista, misógino, racista y un sinfín de adjetivos descalificadores más. Seguramente en su época esto pasó más desapercibido ya que el género femenino no tenía ni la mitad de la libertad que hoy por hoy han sabido ganar.
Tal fue mi sorpresa ante sus pensamientos denigrantes sobre la mujer, que luego de cada párrafo me iba corriendo en busca de una amiga, compañera de trabajo o de la mujer que tenga más cerca, solo para mostrarle lo que un filósofo había escrito sobre ellas hace poco más de 160 años.
Dice, entre otras cosas, que las mujeres no están destinadas a los grandes trabajos que requieran inteligencia ni a los grandes trabajos materiales. Que son injustas, mentirosas, y enemigas naturales entre ellas mismas. Acá sí que hay para debatir, y mucho.

Con respecto al tema de la muerte, Schopenhauer hace hincapié en que la diferencia del ser humano con el reino animal, es que los animales solo viven en el presente y no conocen la muerte sino hasta que están muriendo. En cambio, los humanos estamos todo el tiempo pendientes de la muerte porque somos víctimas de nuestra conciencia, de nuestro uso de razón.

Es un libro que recomiendo leer solo si se tiene una mente abierta y si podemos ubicarnos en el tiempo y el espacio en el que el autor escribió estos ensayos. Con esto no quiero decir que debamos darle la razón, para nada, solo digo que conociendo el contexto tal vez logremos entender un poco más el porqué de su filosofía.


Recomiendo leer: 7/10



D.N.H

lunes, 17 de octubre de 2016

Reseña literaria II: El pibe que arruinaba las fotos - Hernán Casciari

El pibe que arruinaba las fotos es una recopilación de cuentos autorreferenciales devenida en novela del autor argentino Hernán Casciari.
La mayoría de los cuentos ya habían sido publicados en su blog Orsai entre el 2004 y el 2009, año en el que se dio cuenta que había escrito una novela de manera involuntaria. El pibe que arruinaba las fotos, quinto libro de Casciari, vio la luz en 2009, bajo el sello de la editorial Plaza & Janés. Cuenta con 240 páginas que podrían ser muchas menos, ya que la letra del texto es bastante grande.


Todo comienza un 16 de Marzo de 1971 en Mercedes, provincia de Buenos aires, cuando nacía el primogénito de Roberto Casciari y Chichita, dos personas reales convertidas en personajes protagónicos de varios de sus cuentos al igual que su hermana, cuñado, hija y su mejor amigo El chiri.

El autor prácticamente desnuda su intimidad y la de su familia, y nos relata, con grandes dosis de humor, los sucesos que más marcaron su infancia, adolescencia y hasta su adultez. Revelándonos de esta manera el porqué es como es y los diferentes motivos que lo llevaron a convertirse en escritor.

El cuento (o anécdota mejorada) que da nombre a la novela es uno de los tantos que nos saca una carcajada (basta con ver la portada del libro) ya sea porque logra que nos sintamos identificados con aquel niño que arruina las fotos haciendo muecas, o por la manera en la que el mismo protagonista nos la cuenta. Otros cuentos nos dejan reflexionando y otros nos dejan con un sabor agridulce en la boca. Pero lo que es seguro, es que al leer ésta novela vas a viajar hacia el pasado, hacia tu niñez, y vas a recordar con una gran sonrisa aquellos momentos de travesuras, de inconsciencias y de revelaciones que te guiaron a ser quien sos hoy.
Mi cuento favorito es casualmente el menos autobiográfico. Es un cuento que toma un camino más fantástico que el resto y que, está de más decir, recomiendo muchísimo: Tarifa plana de porro.



Recomiendo leer: 7/10

D.N.H

domingo, 9 de octubre de 2016

Reseña literaria I: La carretera (The road) - Cormac McCarthy

La carretera es una novela post-apocalíptica escrita por el estadounidense Cormac McCarthy en 2006. En 2007 fue ganadora del premio Pulitzer y, dos años después, fue adaptada al formato cinematográfico, siendo protagonizada por Viggo Mortensen.

Cuenta la historia de cómo un hombre y su hijo sobreviven en un futuro post-apocalíptico en el que todo rastro de vida se ha ido desvaneciendo hasta transformarse en cenizas y cadáveres, tiñendo todo de gris: el color de la desesperanza y la desolación.  

El autor no nos cuenta lo que pasó con el planeta, con la vida del planeta. Nunca nos explica por qué los protagonistas se dirigen hacia el sur ni tampoco nos revela sus nombres. Esto logra sumergirnos en el clima desesperanzador que padecen el padre y su hijo en el que no importa si tienen nombres, en el que no importa el por qué, sino que lo único que importa es encontrar comida y refugio del frío extremo para sobrevivir al menos un día más. Los diálogos, prácticamente inexpresivos, en especial los de el hombre, dejan en evidencia cuál es su única motivación y cuál es su objetivo: Su motivación es el amor que siente por su hijo, por quien es capaz de matar y hasta de morir, y su objetivo es encontrar un lugar seguro para que el niño pueda quedar a salvo del hostil entorno. Su vida, casi apagada, pasa a un segundo plano, y podemos notar que en su interior pelea por no perder la fe y la calma.

Imagen de la película

Es una historia que nos muestra, por el lado del protagonista y su hijo, la verdadera crudeza de la supervivencia, y por el lado de “los malos” (otros sobrevivientes) nos revela el lado más egoísta y malvado del ser humano en su afán por sobrevivir.
Es una novela que algunos podrán calificar como pesimista, otros como realista. Por lo tanto, está de más remarcar que las emociones del lector se verán sacudidas y llevadas hasta el límite.
Algo que me llamó poderosamente la atención fue la forma en la que está escrita. Escasea el uso de comas y guiones de dialogo, y abundan los nexos coordinantes (Y). Lo que, en un principio, te puede distraer, pero una vez que entras en ritmo la historia te atrapa de tal manera que te olvidas, no solo de este detalle, sino también de tu entorno.


Recomiendo leer: 8/10

      
D.N.H