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domingo, 27 de mayo de 2018

Reseña literaria VI: El club de los enigmas - Isaac Asimov.


En contexto

Adquirí El club de los enigmas en 2010, año en el cual todos mis esfuerzos y mi concentración estaban enfocados en el trabajo que me daba de comer. En mis días libres, los miércoles, salía a dar vueltas por el barrio de Chacarita (Ciudad de Buenos aires), donde residía en ese momento. Primero buscaba un lugar para almorzar, luego iba a mi librería favorita del barrio, y luego me iba a tomar un café mientras leía alguno de los libros que acababa de comprar. Reconozco que en ese momento no conocía a su autor, Isaac Asimov, y que solo compré el libro porque me llamaron la atención su portada y el título. Y también debo reconocer que lo compré con la intención de regalárselo a una amiga, pero por algún motivo me lo terminé quedando. Hasta que cuatro años después decidí que era momento de leerlo.



Este libro fue leído en su totalidad en la vía pública. Lo abría en la línea B del subte, cuando volvía del trabajo, y no dejaba de leerlo hasta llegar a mi casa, en el barrio de Villa Urquiza. Incluso lo iba leyendo en la calle, mientras caminaba dando pasos muy lentos hasta llegar a destino.

miércoles, 25 de abril de 2018

jueves, 5 de octubre de 2017

#1: En la cima





Soy un hombre que ama la naturaleza. Un oficinista que prefiere viajar kilómetros y kilómetros en busca de aire fresco, dejando atrás el agobio y el stress que me producen ésta gran metrópolis. Nunca estuvo en mi cabeza subir solo unos pisos para sentir la brisa del viento en la terraza de éste edificio. Pero hoy, habiendo llegado a mi límite de presión, subí guiado por una fuerza mayor que, a contrapartida, me dio la oportunidad de apreciar la hermosa vista que se logra desde acá.
Desde acá la gente parece una colonia de hormigas despreocupadas que camina libre de su reina. Los ibirapitá y los jacarandás son unas hermosas manchas verdes con florecientes detalles violeta y amarillo que inundan de vida el parque. El lago parece una acuarela que el sol transforma en un reflectante espejo de dimensiones titánicas.

La vida es arte, solo que no todos somos buenos espectadores. Sin embargo, me debo estar perdiendo de cientos de detalles debido a que los seres humanos no fuimos agraciados con la vista de un águila. Pero la belleza que alcanzo a ver es vasta. La vida es algo tan preciado cuando aprendemos a percibir la infinita belleza que la madre naturaleza guarda para nosotros.

Mi reflexión, tan profunda y sanadora es interrumpida cuando veo asomarse a un hombre por el balcón del edificio de en frente. Noto que mira hacia abajo. ¿Qué pensará? ¿Podrá, al igual que yo, apreciar la belleza del mundo desde lo alto?

Me sorprendo cuando veo que se sube al barandal y se sienta allí. ¿Se irá a arrojar? Acto seguido mira hacia abajo, luego levanta la cabeza y me ve. ¿Lo hará ahora que me vio? ¿Tendrá la posibilidad de recapacitar ahora viendo la vida desde otro plano? ¿Tendrá el coraje de hacerlo? ¿Será el también un cobarde?

Quien sabe lo que se le cruzó por la cabeza. Solo cerró los ojos y se dejó caer.

Y yo que toda la vida había creído estar solo en este mundo... es una pena que, justo en este día, haya encontrado a alguien como yo.

sábado, 24 de junio de 2017

Adiós Chris Cornell


Dale play



¿Cómo empiezo a escribir este artículo? ¿Empiezo por el principio o por el maldito final? ¿Existe el final? En cuerpo, en carne, claramente sí. Pero estoy escribiendo sobre un artista con todas las letras y hasta si querés, te lo pongo con siglas “A.R.T.I.S.T.A”. Se nos fue Chris Cornell a los 52 años. ¡La puta madre! El duelo fue largo y lo es aún. Fue shockeante la noticia que una amiga, inocentemente, me tiró por la cabeza como si fuera una bolsa llena de piedras. Dolió, duele aún. Pero es un hecho. Por momentos creía (quería creer) que había sido un error. Esperaba que salgan a desmentir esa joda de mal gusto: Internet da para inventar noticias que la gente comparte sin antes chequear. Pero no. Nadie lo desmentía y cada vez era más real. Siempre lo fue, pero no para mí.  Las horas pasaban mientras mi cabeza trataba de distraerse en el laburo. Me negaba a sacarme la venda de los ojos hasta que, horas más tarde, abrí el Facebook y me empapé con el llanto de las decenas de amigos y conocidos que tampoco podían creerlo. Me bañé en realidad, en la dura pero verdadera realidad. Es fría y pesada… Murió...

Desde el momento que escuché la noticia pasé una semana sin poder escuchar nada que tenga su voz. En la lista de reproducción que tengo en el laburo salteaba I am the highway y Showme how to liveMurió Chris Cornell...?

No. Dejame vivir en mi ignorancia. Al menos por ahora.

Nunca jamás me había pegado tan mal la muerte de una persona que no conozco, una persona con la que nunca compartí una charla, una birra, un mate, nada. Pero esto es arte. El arte se expresa a través de un medio, y somos los receptores los que nos vemos sacudidos por ese mantra, esa energía, ese nosequé. No importan las distancias de kilómetros ni de tiempos, importa el mensaje, importa la expresión, importa la sensación, el sentimiento y la pasión… Murió... Chris... Cornell...

Mientras escribo estas líneas, como hago siempre que escribo crónicas musicales, estoy escuchando al artista en cuestión. En este caso escucho el primer disco de Audioslave. Esa joya que para mí es unos de los mejores discos que existen y que van a existir… Murió Chris Cornell...

Se me pone la piel de gallina, los ojos vidriosos y se me forma un nudo en la garganta, aunque su partida haya sido hace más de un mes (En este momento escucho, viajo, siento I am the highway) Pero, como dije antes, el duelo es largo. Ya pasé por la etapa de la negación, la ira y la depresión, así, todas juntas. Mi corazón y mi sangre no pudieron seguir el orden que ciertos investigadores le adjudicaron a las cinco etapas. Tanto así, que aún estoy negociando con la realidad para ver si al final la acepto.

Sí, lo sé. Lo acepto. Murió Chris Cornell, pero su magia es eterna.


Gracias por tanto arte Chris.

lunes, 12 de junio de 2017

Las aventuras de Pompeya: Parte II



El reloj de pared, del que había estado pendiente durante la última media hora, dio las nueve. Totalmente hecho mierda finalizaba otra noche de arduo entrenamiento en el gimnasio y en el ring.
A cuatro meses de haber empezado a tomar clases de boxeo me sentía más ágil que Dhalsim. Sentía, además, que había adquirido una gran fuerza y veloces reflejos. Ansiaba poder encontrarme frente a una situación propicia, ante la provocación de algún desafortunado e irascible transeúnte que me dé la oportunidad de demostrar la dureza de mis golpes, la velocidad de mis piernas y mis infalibles reflejos. Debo reconocer que he llegado a provocar a más de uno amparado tan solo por una tonta excusa. Como aquella vez en Puerto Madero que me puse a mear los candados ante la mirada de la feliz pareja acababa de colocarlos como símbolo de su unión. Pero nunca nadie, ni siquiera aquel feliz novio, tuvo la desgracia de reaccionar.
Aquel día sería la excepción ya que no me encontraba con las fuerzas necesarias como para buscarle pelea a alguien. No estaba en condiciones de soportar un golpe, ni siquiera de lanzar uno.
Saqué mi mochila del locker y sin más vueltas, sin siquiera darme una ducha, me despedí de mis compañeros y del entrenador. Solo quería llegar hasta la comodidad de mi hogar, ducharme y descansar.

Emprendí, como siempre que volvía a pie, el camino más largo, pero menos transitado de todo Pompeya. Alrededor de la quinta manzana, a medida que me acercaba a una esquina, comencé a escuchar voces algo subidas de tono. Me reposé contra la pared y me acerqué lo más que pude. Supuse que se trataba de una discusión. Lo comprobé luego de escuchar que se insultaban a sus madres y hermanas. Entonces pensé ¿Qué persona con sangre en las venas permitiría que insulten el honor de la mujer que nos trajo al mundo? ¡Nadie! O al menos yo no. Y por lo visto uno de ellos tampoco porque escuché ese particular sonido seco y contundente de una trompada bien pegada. El que recibió el golpe emitió un leve gemido y al parecer le devolvió la trompada. En ese momento las voces se entremezclaron mucho y llegué a estar confundido hasta que me di cuenta de que eran tres personas y no dos. ¿Dos contra uno? Eso es injusto, mire por donde se lo mire. Me voy a tener que meter, pensé. Debería emparejar la pelea. Elongué un poco mis cansados músculos, suspiré profundo y salí de mi escondite quedando expuesto a tres metros de la trifulca. Traté de tomar una postura intimidatoria y, cuando me preparé para decir con voz de héroe, que lo dejen en paz... se me atoraron las palabras. ¡Eran tres contra uno! Y lo tenían acorralado. Los abusones detuvieron la golpiza y me lanzaron miradas desafiantes y hostiles.

-Seguí de largo amigo- Me dijo el más bajito.

A ese lo bajo de una- pensé.

-Ey ¿sos sordo? ¡Tomatelás!

Ése era más alto, pero bastante flacucho. Seguramente con un buen gancho en la boca del estómago lo dejo fuera de combate.

-¿Qué te pasa? ¡¿Querés cobrar vos también?! -Me dijo el gordo grandote mientras se me venía encima.

-No, no. Todo bien. -Dije extendiendo mis brazos para intentar detenerlo.

El gordo por suerte se detuvo.

-Quería preguntarles si les hace falta una mano. -Bromeé, forzando una leve sonrsisa. Pero nadie rió. -Sigo... derecho. -Les dije con voz temblorosa. Miré a los ojos al pibe que estaban golpeando. Éste ni siquiera dijo una palabra. Entonces agaché la cabeza y crucé la calle.
Caminé unos metros hasta que dejé de sentir sus miradas en mi espalda. Esperé a escuchar algún golpe para cerciorarme de que estén distraídos y me di vuelta. Estudié la situación y arremetí contra ellos con un ataque Kamikaze.

¡Plumm! Fue el sonido del gordo al caer noqueado por mi sorpresivo golpe en la mandíbula. Claro, primero tenía que sacarme de encima al más grandote.
Los otros dos se sorprendieron, me miraron de forma extraña y se me vinieron encima. El flaco alto me tiró un derechazo que esquivé sin esfuerzo alguno, quedando su estómago como blanco perfecto para mi gancho descalificador. No conforme con eso le doy un buen izquierdazo y lo hago morder el cordón. El más petiso se había detenido luego de ver caer a su amigo, me miró con el terror reflejado en sus ojos, y salió corriendo.
Soy un héroe, pensé inflando el pecho mientras lo veía doblar la esquina. Después giro la cabeza y lo veo al pobre pibe levantarse muy adolorido. Se limpió la sangre de la boca con el antebrazo. Y yo le pregunté.

- ¿Estás bien?

Y así nomás, de la nada, me dio un izquierdazo directo a la mandíbula. Y todo se me puso negro.


Desperté algunas horas después en un hospital con un terrible dolor en el mentón y en el lado izquierdo de la cabeza. Me preguntaba qué había pasado. No recordaba nada. Recién luego de unos minutos recordé que el pibe al cual había salvado de que le rompan la cabeza a trompadas era quién me había noqueado. Se me llenó el culo de preguntas. ¿Por qué me había pegado si lo acababa de salvar? ¡Es un desquiciado de mierda! ¿O acaso también será un pelotudo que va por la vida en busca de una oportunidad para demostrar sus dotes de boxeador?

martes, 23 de mayo de 2017

Las aventuras de "Pompeya"

        

          Siendo una hormiga más de la gran colonia de cemento llamada Buenos aires −o dicho en criollo: siendo un infeliz laburante del barrio de Pompeya− jamás creí que me fuera posible sentir amor por la mismísima madre naturaleza.
Mi atrofiada conciencia, programada por un sistema materialista, solo se limitaba a creer en el amor hacia un vehículo o, en su defecto, hacia una persona. Con estas creencias andaba por la vida hasta que, un jueves cualquiera, me llego una invitación con un boleto a la Patagonia. Por suerte era verano porque si no ni en pedo me voy al sur a cagarme de frio.

Aunque el motivo de aquella invitación no fuera razón para celebrar debo reconocer que me alegró mucho ya que necesitaba un cambio de aire. Al fin y al cabo, Susana era una tía lejana que ni siquiera, en mis 25 años de existencia, había conocido y por lo tanto no merecía llevarse de mi ni una lágrima, ni siquiera un sollozo.

El viaje fue largo pero provechoso ya que, con la mente despejada, pude darle otra oportunidad a Siddhartha, libro con el cual meses atrás me dormí a la quinta página. Claro que ahora no fue la excepción. Solo que ésta vez logré leer casi la mitad. ¡Provechosa lectura! Me ayudó a darme cuenta que el problema no era el stress.

Ya en la ciudad de el Chalten, saludé cortésmente a aquellos familiares que jamás en mi vida había visto y de los cuales mis difuntos viejos prácticamente no me habían hablado. (Por algo será ¿No?) Y haciendo un gran esfuerzo fingí estar afligido. Solo imploraba para mis adentros que se conformen con mi falsa cara de perro abandonado y que no esperen que derroche ni una lágrima en el duelo que comenzaba en una hora.

Las siguientes horas ni siquiera merecen la pena ser relatadas. Aunque en la vida de mis parientes haya significado mucho mi presencia en el velorio de Susana, en la mía fueron solo un relleno, minutos y minutos de recuerdos fácilmente olvidables.
Salvo por el chistoso momento en el que un tío canoso me agradeció entre lágrimas por haber ido. Fue difícil no exteriorizar lo que sentía. "¡Ja! Quedate tranquilo que si no me garpaban el viaje tiraba una bomba de humo y desaparecía como un político después de haber cargado sus arcas". Pero no tengo huevos. No soy tan hijo de puta. Mirá si les digo eso y resulta que me pierdo parte de la herencia. En ese momento no sabía que Susana era la tía más pobre que tenía. Por las dudas me dejé la careta puesta.
Por cierto, tengo serias dudas sobre si es común que en los velorios haya servicio de catering. No sé si es una costumbre de ricachones o qué, pero si es así espero volver pronto. ¡Muy rico todo!

Eran las ocho de la noche cuando el bodrio se terminó. La tía pocha ...o chocha, yo que sé, me acompañó hasta el cuarto de huéspedes de su lujosa casa y, formalismo va formalismo viene, me deseó buenas noches, y creo que yo también.

¡Al fin solo! Igualmente, no pensaba quedarme mucho tiempo en la habitación. Quién sabe si en uno de esos casos a la tía Cocha se le ocurría golpearme la puerta para preguntarme si necesitaba algo.
Entonces me di una ducha, agarré una colcha para tirar en el pasto y salí a disfrutar de la reinante calma de la Patagonia. Pasé por un almacén re concheto y compré unas cervezas y unas bolsas de papas fritas. De más está decir que me rompieron el orto con el precio. Pero bueno, con esto de los tarifazos uno se acostumbra.

Caminé y caminé en dirección al lago. Desde lejos podía ver la luna reflejada en él. ¡Qué hermosura! Qué bueno que es despejarse un poco y poder apreciar la belleza del cielo y del lago en vez de admirar en la calle culos y tetas como si fueran una pintura de Van Gogh. Jamás pensé que diría esto, pero bueno, será que la naturaleza me sensibiliza... o tal vez me emputece, que se yo. Hasta el aire es diferente.

Caminé en busca de un lugar en donde poder sentarme a tomar algo y observar la inmensidad del paisaje. Entonces vi un brillo opaco cerca de la costa. Se trataba de una gran roca que refractaba la luz de la luna. Aunque para mis ojos era nada menos que un asiento en primera fila para observar el paisaje.

Tiré la colcha sobre la roca y me puse cómodo. Abrí la primera lata y me relajé. Clima ideal, lugar ideal, la noche fue perfecta salvo por los mosquitos. Por suerte había pocos así que los dejé chupar un rato y después no me jodieron más.

Luego de bajarme las papas fritas y el pack de cerveza antes de que se calienten me recosté y obviamente me quedé dormido. Algunas horas más tarde me desperté con el feliz cantar de los pajaritos en libertad. Estaba amaneciendo. Qué bueno que los pungas no se van de vacaciones al sur sino ya me habrían afanado las zapatillas.

Me paré para estirar un poco las piernas y me recosté de nuevo para apreciar el amanecer patagónico. Comencé a sentir un hormigueo en el pecho. Lo primero que pensé fue "Si me da un infarto acá estoy en el horno". Pero por suerte se trataba de ese sentimiento de paz que éste paisaje hace nacer en mí. Ese sentimiento de paz que me ablanda el corazón y hace que me crea un poeta rodeado de musas.

Los picos de las montañas que demarcan mi horizonte fueron haciéndose cada vez más visibles a medida que la oscuridad iba cediendo su dominio. Supe entonces que era el momento de decir un hola y un adiós. Levanté la cabeza y, con una última y brillante mirada, me despedí de los infinitos astros que bendecían la eternidad del cielo. La transición caló hondo en mi pecho acelerándome el pulso y llenando de oxígeno mis pulmones. El lago, el gran y helado espejo de luces comenzó a salpicarme con los primeros destellos del sol. Los rayos comenzaron a adquirir volumen e intensidad. Ahora me pegaban en la cara. Momento ideal para cerrar los ojos y dejar que el corazón se ilumine con el calor del sol. Pasaron algunos minutos. Ahora el sol imponía su gran cuerpo de fuego detrás de las montañas. La temperatura seguía subiendo. Los rayos empezaron a quemarme y mi poeta interno se fue al carajo.

Hermoso amanecer. ¡Pero cómo pega el sol! Eso no quita que mi corazón se haya ablandado.

Ahora sí me despido del todo y emprendo la vuelta a la casa de la tía Coca. En el camino siento que los pájaros revolotean en torno a mí, que me siguen, que me cantan, que agradecen mi presencia. Los miro complacido y les regalo una sonrisa. Esto demuestra que la naturaleza no solo me sensibiliza, sino que además me vuelve pelotudo.
Llego, abro la puerta y me encuentro con la tía...Pocha. Le digo "Buen día tía Pocha" Y ella me dice buen día y después me corrige. Igualmente, en seguida me olvidé si era Pocha, Tota o Coca. Me convida unos mates y unos bizcochos. Yo le digo que me tengo que ir. Ella me dice que el micro sale a las doce del mediodía. Entonces pienso en alguna excusa para irme igual y no volver a verle la cara. Pero algo muy dentro de mí, en mi tiernizado corazón me dice que me quede y charle con ella. Y no solo que me quedé, sino que además hablamos por cuatro horas y encima de eso, no sé por qué, en un momento me emocioné y terminé llorando en su hombro. Luego de eso me despedí aliviado. Como si me hubiera sacado mil kilos de encima. Como si las lágrimas que había llorado hubieran sido toxinas que envenenaban mi ser. ¡Prometo nunca volver a olvidarme su nombre!


Estuve inmerso en un estado de paz hasta que, al subir al micro, me golpeé la cabeza. “¡La reputa madre que lo parió! ¡Qué lugar de mierda!” Puteé con énfasis logrando que se me caiga la careta. Y así, de golpe, como si fuera un flash de un fotógrafo desconsiderado recordé con cierto placer las palabras que me habían hecho quebrar: Luego de tres horas de charla la tía me había dicho que otra de sus hermanas (la que sí tiene plata) estaba muy enferma. Quedé en shock. No sabía qué decir, no soy bueno para esas cosas. Fue ahí que, con mi mejor cara de perro abandonado y enjugando unas bien logradas lágrimas, le dije "Hasta pronto tía Lola, hasta pronto"

miércoles, 29 de marzo de 2017

Cuando la imaginación vuela... pero tenemos los pies atados al suelo

Soy un pibe de campo, pero nunca fue de mi agrado pasar el tiempo pescando, cazando pajaritos o realizando alguna otra actividad que requiera matar o maltratar algún pobre animal. Y más allá de haber pasado por diferentes etapas, nunca fui de tener grandes grupos de amigos ya que siempre fui bastante introvertido. Pero el motivo principal por el cual nunca fui de tener muchos amigos es porque mi diversión no cuadraba con la de la gente de mi pueblo. Por eso, durante mi infancia y parte de mi adolescencia, me la pasaba encerrado con el hermano menor que adopté, ese que en la jerga común se lo llama “amigo”, Ezequiel. Con él me podía dar el lujo de divertirme usando la imaginación y no matando animales o rompiendo los vidrios de una casa abandonada (aunque debo reconocer que sí disfrutaba de esto último, pero en un nivel inferior)



Con él me podía dar el gusto de abrir las puertas de mi cabeza y dejar fluir todos mis mundos y universos. El no sólo los entendía, sino que también los compartía y hasta creaba los suyos para luego fusionarlos con los míos, dando como resultado final horas y horas de entretenimiento gratis y sano.
Empezamos creando nuestros propios Pokemones allá por el año 1998. No dejábamos de llenar cuaderno tras cuaderno. El número total de animales raros que creamos supera los 500. Podría decir que superamos los 800. Pero estaría siendo deshonesto porque al hablar de “crear” no me estoy refiriendo solo a dibujarlos, sino también a ponerles nombres y darles poderes especiales. Con el pasar de los años este pasatiempo nos quedó chico y comenzamos a inventar mundos y universos para que sean habitados por nuevos personajes a los que le habíamos dado vida. Personajes mitad humano/mitad felino que tenían nombre y apellido, edad, fecha y lugar de nacimiento, aficiones, fobias, personalidades definidas, características físicas, enfermedades, domicilio, etcétera.

Recuerdo que para este mismo universo creamos hasta revistas de noticias, grupos musicales con sus respectivos discos y canciones, ligas de futbol con su propio diario impreso, mapas de ciudades, países y hasta galaxias, religiones con sus propios dioses y culturas, etcétera. No dejábamos nada librado al azar. ¡Estábamos en cada puto detalle!

Los años pasaron y aparecieron las responsabilidades que nos obligaron a desprender nuestras mentes y por ende ir matando de a poco toda la magia que sólo fusionando nuestros cerebros podíamos crear. Dejamos atrás esa hermosa infancia, transformando toda esa diversión en recuerdos que hoy puedo revivir haciendo lo que me apasiona: escribir.

Hoy, retratando estos momentos, me cuesta creer que nuestra imaginación haya creado tanto desde la nada misma. Reflexionando sobre esto fue que se me vino una frase a la cabeza, que es la que le da el nombre a este escrito.


Con esto me refiero a que, de haber tenido acceso a internet, o de haber tenido más herramientas para que nuestros personajes y mundos no queden solo registrados en un papel o en nuestras mentes, podríamos haber creado comics, videojuegos, películas, revistas, etcétera. ¿Cuál hubiera sido el límite? ¿Hubiera existido acaso un techo que frene nuestro vuelo? Difícil saberlo. Imposible tener esa certeza. Lo cierto, lo que sí puedo asegurar, es que nuestra imaginación volaba, pero, debido a que las ventanas que se nos tenían que abrir no aparecieron, lamentablemente no pudimos seguir su ritmo, ya que nuestros pies nunca se despegaron del suelo.

lunes, 27 de marzo de 2017

Hola. Soy XXVIII CG, el navegante del tiempo a través de la red. Mensaje N° 1




1, 2, 3 probando. Hola. Hola. H O L A...... Bien, creo que todo está funcionando según mis cálculos.

Hola terrícolas del pasado. Mi nombre es XXVIII CG y vengo del futuro. No podría precisarles de qué año exactamente porque en este futuro la gente (los pocos que sobrevivimos) nos hemos vuelto completamente ateos y, desde hace mucho tiempo se ha renunciado a los calendarios e incluso también hemos perdido el acceso a los archivos de la historia. Nuestro único medio para conocer sobre el pasado de la humanidad son solo algunos PD de información que guardamos como un verdadero tesoro. Y claro, también tenemos la suerte de poder viajar en el tiempo con la conciencia.

Pero no es de eso de lo que quiero hablarles. Igualmente sé que tendrán muchas dudas e interrogantes que querrán que les responda, entonces me anticipo y les comento algunos detalles de mi presente.

Si. Sí es posible viajar a través del tiempo, pero no de la forma que les han mostrado en las películas de ciencia ficción. La materia no es capaz de resistir un viaje a través de la tercera dimensión. Solo es posible viajar con la conciencia, pero el riesgo no deja de ser altísimo: El margen de error es muy grande y lleva años reducirlo. Yo tuve la suerte de sobrevivir a este viaje que espero sea fructífero.

Supongo que también se estarán preguntando por qué, si tengo la posibilidad de viajar en el tiempo, vine a parar a un insignificante blog con muy poca llegada a la gente. No crean que esto es un error. Tomé esta decisión porque de otra manera podría ser peligroso. ¿Se imaginan si hubiese hackeado el Twitter de su actual ministra de seguridad? ¿O si hubiese tomado el control de un sitio web de uno de los tan prestigiosos medios de comunicación de su país? ¡El escándalo sería de magnitudes globales teniendo en cuenta la importancia de su nación!

Decidí tomar el control de este blog porqué sé que sus cuatro o cinco lectores sabrán responder a mi pregunta. Entonces, sin extenderme más, vamos al grano.

¿Cómo es posible que en su tiempo (Mes Marzo - año 2017 Siglo XXI) la M.H.F.L, o como la conocen ustedes THC, sea ilegal?

En mi tiempo se la llama M.H.F.L (por sus siglas en el extinto idioma inglés Magic Herb For Life) y cura enfermedades como la Epilepsia, el Alzheimer, el Cáncer, el Síndrome de Tourette, el HIV y otras enfermedades que aún no conocen como la Prifus, el Argentinian´s syndrom o la Fiebre multicolor. También podría nombrarles la Prosopagnosia africana, pero desde hace mucho tiempo que dejó de considerarse como una enfermedad al igual que la homosexualidad, la hiperactividad y la adicción a las series de TV…. Por cierto, en la última temporada de Game of thrones se revela que todo es producto de la imaginación de un joven mago llamado Harry Potter, que enloqueció luego de perder un anillo muy poderoso a manos de un villano llamado Darth Vader. No pierdan el tiempo mirando la última temporada. Creo que los guionistas se quedaron sin material luego de la repentina muerte de George R R Martin.

Volviendo a mi pregunta, díganme si es real que en su tiempo (año 2017) la marihuana aún era ilegal. Quiero creer que mi amiga XXVI TO mentía cuando me dijo tal cosa.

¡Desde ya, muchas gracias! Espero poder intercambiar conocimientos con ustedes.

P/d: Por favor ¡No voten por Chano Charpentier en 2027!

P/d 2: Cuiden mucho de nuestra fiel y actual protectora Mirtha Legrand.


Atte: XXVIII CG

martes, 10 de enero de 2017

El verdadero sabor del tomate

Como cada año nuevo, me vine hasta Entre ríos, la tierra que me vio crecer, para tomarme mis vacaciones en familia.





En una de las primeras cenas de este año en mi antigua casa
 comí, entre otras cosas, una ensalada de tomate y cebolla. Aunque suene loco, el tomate despertó en mi paladar los sabores de la nostalgia trasladándome catorce, quince años atrás. En un principio no supe de qué se trataba. ¿Será que mis papilas gustativas se despertaron por liberarme del stress de Buenos aires? No lo creo. ¿Será tal vez que la ensalada estaba muy bien condimentada? Muy difícil. A menos que exista un aderezo con el sabor natural del tomate.
La respuesta a mi inquietud estaba en el patio de mi casa, más precisamente en la quinta orgánica de mi viejo y en esos tomates libres de productos químicos. Pero, ¿Por qué me había olvidado del verdadero sabor del tomate?

En este punto te estarás dando una idea de sobre qué trata este artículo. Pero, si crees que es sobre el sabor del tomate, te digo que no, esto solo me sirvió de conflicto introductorio, por llamarlo de alguna manera. Tampoco quiero hablar de la importancia de tener una quinta orgánica en el patio de tu casa… en cierto punto sí, pero es que el tema de fondo es tan grande, tan importante y tan grave que es imposible centrarse en un tema tan minúsculo. Esto va más allá. Este no es el problema de una familia. No es solo el problema de una ciudad, ni de una provincia, ni siquiera de un país. Este problema se extiende por todo el planeta. Se trata del genocidio silencioso de magnitudes globales que se está llevando a cabo desde hace décadas y del que nosotros, los argentinos, formamos parte, no solo como víctimas, sino también como victimarios. Bueno, no precisamente somos nosotros los victimarios, sino nuestros líderes. Fueron ellos quienes los dejaron entrar y ponerse cómodos como si esta fuera su casa. Y además les permitieron usar libremente productos altamente tóxicos como si la salud y la vida de la gente y de la naturaleza fueran negociable$.

Bueno, basta de misterios. Hablo de Monsanto, o MonSatán, como suelen llamarlo en Europa.
La triste realidad muestra que hoy por hoy es muy difícil luchar contra ellos. Simplemente porque es muy difícil librar una batalla justa contra el mismísimo poder. Es muy difícil informarse correctamente cuando son ellos los titiritero$ de los medios de comunicación. Es más difícil aún que los funcionarios escuchen nuestros reclamos teniendo la facilidad de cobrar por ignorarlos.

No es mi intención dármela de periodista y escribir un documento súper detallado sobre lo que es Monsanto copiando y pegando artículos. Prefiero servir de nexo y acercarle los informes y documentales de la gente que sí tiene las herramientas necesarias como para llevar a cabo una investigación de este tipo.

Pero antes, quiero dejar un listado de algunos de los productos más peligrosos creados por esta corporación genocida:

Agente naranja: Junto a la empresa DOW Chemical crean el Agente naranja, un producto deforestador utilizado por el ejército de Estados unidos en la guerra de Vietnam. Se estima que causó alrededor de 60.000 muertes, además de malformaciones genéticas en bebes y enfermedades irreversibles en quienes fueron capaces de sobrevivir a este veneno.

Roundup (Glifosato): Es un herbicida altamente tóxico que los argentinos conocemos muy bien.

- Aspartamo: Es un edulcorante artificial creado por G.D Searle and Company que años más tarde sería adquirido por Monsanto. Diferentes estudios demostraron que produce cáncer, entre otras tantas enfermedades.

- rBGH (Hormona de crecimiento bovino): Esta hormona modificada genéticamente se inyecta en las vacas lecheras para que produzcan más leche. ¿Efectos secundarios? Produce una inflamación en las ubres de la vaca. Dicha inflamación luego se infecta y segrega pus que entra directamente en contacto con la leche que consumimos. Esta leche produce cáncer de mama, de colon y de próstata.

- OGM (Cultivos genéticamente modificados): Dejé para lo último al culpable de modificar hasta el sabor del tomate. Los cultivos genéticamente modificados son resistentes al herbicida glifosato. Lo que no quita que este veneno quede impregnado en los cultivos que después sirven de alimento tanto de ganado como de los seres humanos. ¿Hace falta que diga lo que produce este veneno en nuestro organismo? CÁNCER.


Ahora sí, más abajo dejo los videos de estos documentales que ahondan un poco más en este tema que tiene a la sociedad y al mundo tan preocupados.



Hambre de soja. 

Este documental del 2004 muestra cómo impactó en nuestro país el uso de Glifosato. 



Informe de CQC (2012)

Muestra el impacto de los agroquímicos en Córdoba



Informe del Periodista venezolano Miguel Perez Pirela


Glifosato: Lérbicida nouce alla  salute del mondo

Informe de la TV italiana (2016) sobre el impacto por el uso de Glifosato en nuestro país



Chuzzo

sábado, 7 de enero de 2017

Desnudarme en público





Podría decir que la semilla de Mondo Sporco (este blog) se plantó a mediados del año 2000 cuando descubrí que me gustaba fantasear con mundos ficticios plasmados en palabras. Por ese entonces tenía 11 años y acababa de encontrar en la literatura ese compañero que está cuando más lo necesitas, ese amigo que no te va a juzgar ni te va a recriminar cuando decidís estar solo, ya que es en la mismísima soledad cuando te recibe con los brazos abiertos.

Mis borradores. Año 2010

Paradójicamente crecí en una casa sin libros, pero gracias a la vida pude comenzar a regar esa semilla cuando llegó hasta mí una colección de cuentos de terror infantiles de la revista Genios que alguien había tirado a la basura. ¿Será que ahí también nació mi secreta ambición por mirar de reojo los contenedores de basura de Buenos aires?

Tan solo un año después, en el 2001, recibí los estímulos suficientes como para animarme a crear, siempre a escondidas, mis propios universos con lápiz y papel. Lamentablemente no hay registros de aquellos primeros escritos que prácticamente vomitaba sobre una hoja sin filtro ni límite alguno.
Tres años después, ya entrado en la adolescencia, empecé a escribir lo que, para mí, negándome a llamarlo poesía, eran simples letras de canciones. Escribí un total de 201 desde el 2004 hasta el 2009. Hoy sigo escribiendo estos textos cortos con la diferencia de que ahora sí tengo la suerte de poder llamarlos canciones.
Pero la realidad es que tuvieron que pasar diez y seis años para que Mondo Sporco se materialice y se vuelve una realidad. A finales de Septiembre del año 2016, tras la insistencia de una amiga para que cree mi propio medio y deje de depender de terceros para que mis escritos sean publicados, creo mi propio blog sin tener del todo claro qué es lo que iba a publicar. 
Esa semilla que venía regando desde hace tiempo se había convertido en planta.

Comencé reciclando una serie de crónicas musicales que unos meses antes me ayudaron a perder ese miedo que siempre me frenaba a la hora de mostrarme, y me ayudaron también a volverme mi mayor crítico. Tanto así que cuando, hoy por hoy, leo una de esas pseudo-crónicas puedo ver infinidad de errores, pero lejos de avergonzarme y querer esconderlas, me ayudan a ver el crecimiento que experimenté desde entonces.

Hasta que llegó un día en el que escribí sobre un recital actual en el que tocaban viejos amigos y además hacía su debut una amiga por la cual guardo un enorme aprecio y respeto. El recital fue un domingo. Al día siguiente, cerca del mediodía, arrojé al mundo mi crónica y cerré la computadora negándome a ver su repercusión por miedo a posibles disgustos.
No fue hasta el día siguiente que abrí nuevamente mi pc y lo primero que veo es ese número que no se me va a borrar más, y que, sin ser exactamente igual, había aparecido horas antes en mi cabeza en forma de presagio: 736. Era el número de visitas a mi blog (También son los últimos tres dígitos de mi D.N.I… pero este es solo un dato curioso que no viene al caso)
La repercusión fue buena, fue más de lo que esperaba. Solo había cometido un error: había puesto mal el nombre de un disco.

Luego me tiré a la piscina sin saber si tenía agua y escribí mi primera crítica literaria. Todo un desafío para alguien que abandonó el secundario y no tiene formación alguna en la materia.
Más adelante también escribiría sobre cine y series sin tener una base crítica fundamentada más que la de un espectador común al que le apasiona el arte.

El blog ya lleva poco más de tres meses activo. Hasta ahora publiqué crónicas y pseudo-crónicas de recitales, limitadas críticas literarias, recomendé una serie, escribí dos artículos algo pobres sobre cine y dos artículos un poco más originales: uno mezcla humor con música y el otro es una simple reflexión que me surgió viajando por la Patagonia. Pero me está faltando algo. Falta mostrarle al mundo esa planta que sembré hace diez y siete años, en mi pueblo de Entre ríos, y que desde entonces vengo regando a escondidas. Falta dar ese gran paso y animarme a publicar uno de esos escritos que solo mi círculo más íntimo de personas leyó y que, alimentados por películas y cuentos de terror, nacen desde lo más profundo de mi imaginación. Siento a esos escritos %100 míos. Esta es justamente la razón por la cual aún no logro juntar el valor para hacerlos públicos. Porque mostrarle a mis amigos, a mi familia y a tanta gente desconocida mis cuentos sería como revelar mis debilidades, mis defectos y virtudes. Sería presentarle a toda la gente el mundo en el cual me escondo para estar en paz y el universo que me creé como medio para expresarme sin interferir en la vida de nadie más. Al mostrarle mis cuentos al mundo quedaría terriblemente expuesto, sería algo así como el equivalente a un ataque de tos en el cine. Sería develar el mayor secreto que me vi obligado a guardar bajo llave por miedo a que los habitantes de mi pueblo noten esa sensibilidad convertida en creatividad y me tilden de afeminado, de rarito o de hippie. Mostrarle mis cuentos al mundo sería como abrir mi corazón. Mostrarle mis cuentos al mundo sería como desnudarme en público y poner al descubierto todas las cicatrices de mi alma. 

martes, 18 de octubre de 2016

La banda más careta del mundo



Hace unos días estaba escuchando música por youtube mientras escribía boludeces en la computadora. Estaba escuchando Limp bizkit, una de las pocas bandas que sigo desde mi infancia, cuando en un momento youtube me pasó automáticamente a otra banda relacionada, después a otra, y luego a otra hasta que llegó a una que me llamó un poco más la atención y decidí abrir esa ventana para ver de qué se trataba. De entrada, noté que esa letra cursi que me había llamado la atención era de una de esas bandas que solo quieren vender y ganar minitas. Eran 5 posers que exageraban los movimientos, gesticulaban, posaban y ni hablar de lo antes mencionado, la letra: sin dudas es una de las más cursis que escuché. Pero no conforme con eso decidí poner otra canción solo para confirmar que todo lo que acababa de ver hace un minuto no era producto de la casualidad ni de un aislado tema supercomercial que algunas bandas sacrifican y queman para llegar al público masivo. NO. Este tema era igual de careta, ¡incluso peor! ¿De qué banda estoy hablando? Señoras y señores, con ustedes, directo desde yanquilandia, Hinder. La banda más careta del mundo.



Luego de ver el tercer video, uno llamado Better tan me (los dos anteriores eran With out you y Lips of an angel), empecé a notar algo. Entonces los wikipedié y pude ver las tapas de sus discos, los sencillos que habían lanzado y algunas de sus fotos … ahí descubrí que la banda a la que estaba bardeando con todo mi ser, la banda más careta del mundo, era nada más ni nada menos lo que ellos querían ser. Estoy seguro de que, si les preguntas que soñaron ser de chicos, ellos te van a responder:

 “Queremos ser la banda más careta…” Acá el integrante de la banda entrevistado se enjuga una lágrima y prosigue “…¡La banda más careta del mundo!” Y la platea se rompe las palmas aplaudiendo desbordada de emoción.


¡Se me ablandó el corazón, loco! ¿Qué tiene de malo ser careta si ese es el sueño que te mantiene en marcha? ¿Acaso no todos tenemos un careta reprimido que nos habla desde nuestro hombro y nos pide escuchar su música? “Dale, poné algo de Creed, no seas grasa” Me susurra a veces al oído. “Dale, un temita más de Nickelback. Uno más y me callo” Me insiste hasta ganarme
¿Qué tiene de malo ser poser, si ser poser es lo que te hace feliz? ¿Qué importa si hacés música para llenarte los bolsillos y no el alma como decía el Flaco Spinetta? (Perdón por meter al flaco en esto)

¡Hay que ser felices, loco! Banquemos a las bandas como Hinder que te refriegan, orgullosas, su caretismo en la cara conduciendo lujosos autos aunque no sean suyos, posando frente a ostentosas mansiones aunque estas estén hechas con photoshop, vistiéndose como Piñon fijo en Halloween, tocando sus instrumentos como si estuvieran jugando al Dígalo con mímica, o imitando los gestos que haría un mimo con mal de Parkinson al cantar.

 ¡Banquemos a las personas que son lo que siempre soñaron ser!


Menos a tan biónica. Esos además de caretas no saben manejar y pasan más tiempo en los programas de chimentos que en los escenarios.

Sporco

viernes, 30 de septiembre de 2016

La piedra. Lago Nahuel Huapi - Bariloche Diciembre de 2015

La sabia naturaleza no nos agració con el olfato del elefante africano, la vista del águila, el oído del delfín, la fuerza de un escarabajo rinoceronte (Si, tuve que googlear todo esto), ni la fidelidad de los perros. Pero a cambio no otorgó un sistema cognitivo más desarrollado que el de cualquier otro ser vivo.
Sin embargo a veces, tal vez cegados por nuestra suprema y vasta inteligencia, se ve opacado el instinto básico que nos hace recapacitar ante un paso en falso, ante un error.
De acá nace la famosa frase que nos hace ver como una especie idiota tropezando dos veces con la misma piedra. Cometiendo, a veces debido a nuestro orgullo a veces por una simple carencia de sentido común, dos veces el mismo error.
Podría intentar justificar dicho tropiezo citando frases optimistas como "Quien no arriesga no gana" o "lo que no te mata te fortalece" pero estaría cayendo en lugares comunes al repetir frases hechas sin siquiera sentirlas. Así que decidí mejor ilustrar con una foto mi reflexión.
Había mucho viento esa tarde de Diciembre en las costas Barilochenses del lago Nahuel Huapi. Por un lado era un problema ya que quería arrancarme mi preciada bandera de Bateristas argentinos quien sabe con qué intención. Pero por otro lado su frescura renovó mi oxígeno y mi cabeza hizo un click. Entonces me di cuenta de que ese era el momento ideal para darle utilidad a aquella piedra que cargaba en mi mochila. Aquella piedra que me había hecho tropezar en el pasado y que había creído, como una solución acertada, que cargando su peso sobre mis hombros mantendría latente en mi cabeza su presencia, y por lo tanto me mantendría siempre alerta al camino.
En otras palabras, creí que temiendo tropezar se solucionarían mis problemas. Hasta que me di cuenta que los problemas se cruzan en nuestro camino para ser resueltos y de esa forma ayudarnos a crecer. No para convertirnos en victimas del miedo.

Haz de un problema una solución. Que esa "Piedra" no sea un obstáculo sino un acertijo que ponga a prueba tus capacidades.




Por Sporco